OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

domingo, 19 de agosto de 2012

CADENCIAS, Valeria Cervero (*)


 
















Notas a Cadencias (Valeria Cervero, Bs Aires, 2011)

Por Marta Ortiz

·      La imagen de tapa es una escalera que baja (o sube) a puro vértigo un piso y otro y otro, como también la lectura de los poemas lleva a subir (o bajar) los umbrales temáticos que propone Cadencias, poemas que en pocas páginas condensan el intenso recorrido de una vida.

·      Nacer nos arroja inconsultos al laberinto (la escalera que subimos y bajamos sin saber adónde nos lleva, subir o bajar), metáfora de la vida que se percibe inhóspita, difícil de absorber, de aprehender; el yo lírico reconoce que no supo leer (no supo seguir) los rastros de calandrias y de espejos caídos, la credibilidad se ha perdido: “ya no hay dóndes / para venir a ser / con las ganas del parto"

Rimbaud agregó a su célebre afirmación Yo es otro: “peor para la madera que amanece violín”; ya no identidad fija, somos una interioridad expandida en el tiempo, que el otro funda. Espejo, ida y vuelta que crea el sentido. Aquí el yo que hilvana el poema se mira en los espejos que le dieron forma, ancestros o raíces: el latido, el recuerdo: “tras la pupila ciega del ausente, imagen-precipicio / para nacer / en el nuevo espacio no llorado” 
El agua es también espejo de ausencias, tumba sobre tumba, “el agua en su ofrecer de finales”.

·      Pero existen formas, emanaciones de Ariadnas que señalan el camino a seguir. La primera, la madre: “la madrevoz te advierte / te apunta te reclama”; la otra guía es el futuro al que se apunta como siguiendo la estela de luz de un faro, pero faro engañoso, el camino se tiende pero su línea temporal no es creíble; inexorablemente las Ariadnas empujan a la transgresión: “y decidís tu cuerpo/ aunque desmadre”; “el camino: /¿futuro o recuerdo? / ¿rastros de olvido o nada? /sin huellas que / tranquilicen o apremien / cada espera / cada lugar”

·      No obstante la certeza de la nada que aguarda, el camino ofrece abrigos como paradores o árboles al costado de la ruta donde guarecerse y descansar, despliegues que entretienen el andar: el color del limonero, “la dicha de habitar la poesía”. El juego es parte de ese abrigo e incluye la lengua, que en tanto sucede el humano caminar, busca (a veces tartamudea) un modo expresivo propio. Lengua virgen, al tanteo del yo que escribe, de fijarla en la duración, en el tiempo. La conclusión solo reafirma la condición laberíntica del ser en el mundo, una búsqueda circular que lleva siempre al mismo sitio: nada nuevo bajo el sol, la lengua travestida afirma su mensaje: “apenas partimos / y casi creemos decir lo nuevo / pero solo decimos / nuevamente”


dos poemas de Cadencias:

el tiempo se esmera
en la cicatriz
del rumbo
como si creara esa marca

en el esfuerzo
tal vez
olvidamos cada madrecita
de extendida
                       lengua
la humedad transformada
el arranque

apenas partimos
y casi creemos decir lo nuevo
pero solo decimos
nuevamente



y tal vez la travesía vuelva a decir
y a pesar de todo
demuestre
que puedo esperar
            (aun otra
             la mirada en el mundo)
casa en una casa
luz en la luz

la dicha de
habitar la poesía


(*) Valeria Cervero, Buenos Aires, 1972. Integró el grupo de poesía Abriendo la boca y el consejo directivo de la primera época de la revista Boca de sapo. Publicó en revistas, murales, plaquetas y en la web. 

viernes, 17 de agosto de 2012

"María Aparecida" visita el Concejo (y aparece en Vuelo de noche)

"Adorable" exposición de fotografías de la artista plástica y fotógrafa Marita Guimpel en la Galería de Homenajes del Palacio Vasallo, Concejo Deliberante de Rosario (del 3 al 29 de agosto). 

Qué cosas aparecen cuando María Aparecida aparece

La mirada de la artista se detuvo en el hambre y la discriminación, focalizados en la infancia desvalida o marginada. A partir de elementos cotidianos: la muñeca negra rescatada de sus juegos de niña, masas de confitería, pirotines, sillitas de juguete, moños decorativos, telas y otros objetos, construyó un mundo entrañable, el de la niña negra María Aparecida. 
     No es casual el nombre elegido, María Aparecida aparece y desaparece, pero cuando aparece (y lo hace de este modo simpático y colorido donde la experta fusión de la plástica y la fotografía aportan lo suyo desde su mirada infantil, rodeada de un mundo que sueña armónico, hospitalario, abundante y de colores firmes), ella nos recuerda a quienes miramos y admiramos las fotografías, un aspecto que ninguna sociedad debe soslayar, que es como decir "olvidar": los alimentos como las magdalenas que menciona en su texto Marita Guimpel, deberían mojar, como la lluvia, a todos los niños del mundo por igual.   
Claro que la realidad fue y es todo lo contrario de lo que María Aparecida sueña.
La luz que en dosis exactas ilumina la composición, subraya el sueño de un mundo mejor. Los sueños suelen reponer carencias, la imaginación tiene el poder de encerrar, a quien se deja llevar por “la loca de la casa”, en una burbuja de fantasía. Las masas finas y el mundo luminoso y colorido representan aquí la burbuja y la carencia, la línea de sombra que, por contraste, incluimos en la escena. Una de las carencias, porque entre las muchas María “Aparecidas” en diversas partes del planeta arrojadas o arrancadas de su lugar de origen, hoy y ayer, hubo/hay privaciones y penurias de toda laya: niñas y niños víctimas de abuso, trabajo infantil, esclavitud, además del hambre y la marginación anexos.
Nadie puede prohibirle a esta niña soñar, Marita Guimpel asiente y le entrega su caricia protectora al presentarnos el sueño de María Aparecida. El claroscuro moviliza –si existe una utopía es porque hay un reverso que la niega; la infancia abusada y desvalida está allí, como una papa caliente, en cada esquina, en las calles, en los portales, aguardando.
   
por Marta Ortiz

 

"María Aparecida es una adorable niña negra, dulce y amarga a la vez, como el chocolate que América le dio al mundo.

Sueña con una tierra roja y verde, no como los rubíes y las esmeraldas, sino como las cerezas acarameladas que lucen en sus tocados las masas finas, cuando se sientan en los escaparates de las confiterías para que las gente las admire. 

María Aparecida también sueña con una lluvia de magdalenas que precisamente, como lo hace la lluvia, moje a todos los chicos por igual.  

En un universo rojo y verde María aparece y desaparece rítmicamente, y lo hace como la alegría y como el dolor, como el hambre y la saciedad, como la luz y la sombra". 

  Marita Guimpel 

lunes, 13 de agosto de 2012

Poema con té



 
Taza de té. Kay Crain (s. XXI. EEUU,)

Blend
 
Sube un vaho picante a cardamomo
jengibre
motitas de canela
pétalos de rosa y
muerde el jazmín tu ausencia
la trastorna / la deslíe /deslinda y

deslindo
una hebra de la otra:
tu blend de terciopelo.

Arbolitos de coral negro en el fondo de mi taza de té.
                                                                                        Abril 2012

por Marta Ortiz 
 

sábado, 4 de agosto de 2012

FABRICIO SIMEONI (*), POETA INVITADO
























René Magritte, La reproduction interdite, 1937

POETAS DE ROSARIO XXVIII 

(selección de poemas inéditos)
 

El reflejo de la luz dicroica
se apiada
de la propia luz
y esta manera molesta
de ver cosas entre los hombros
caídos
el reverso mullido
de los espejos
interviene en el bajo consumo
un corto
la sanidad del elevador
incide
en la decepción
de la luz propia
se enfada
como matando la intensidad
del último color en la retina
y pasan las cosas delante del cristal
hasta oscurecer los márgenes
del desvelo
y la luz que nunca vimos.

 
Origami

La grapa no pliega la inclinación
del escenario invisible,
un bestiario superpuesto le da forma
y la misma mirada nos atraviesa
en la apariencia microscópica
del rebote.

La magnitud se resuelve en el corte
su deformidad y la restricción
que tiene la luz al vernos.




El paradero del fórceps
Desplaza la utilidad del sanitario
Hacia la servidumbre regida por los efectos
Esforzados del feto
Un sanatorio desamparado
Sin las manos intrauterinas
Que le devuelvan al parto
Su impavidez.
La piel rosada desmenuza de la voluntad
Sólo el crecimiento pederasta del correo electrónico.




 ¿Dónde mueren las lanchas
cuando el río se estanca
en su fondo y descansa
de los gansos?
Una multitud espera el oleaje
y sólo una mujer quiere cruzar
la tarde sin sombras,
no le teme al credo del reflejo
ni al hombre de pecho prohibido.
¿Dónde mueren los gansos
cuando las lanchas se estancan
en sus fondos y descansan
del río?
Cada hueso merecedor del camalote
ausenta toda apoyatura posible
entre el cuerpo
y una mentira de origen
en la aparición del cosmos.
¿Dónde muere el río
cuando los gansos se estancan
en sus fondos y descansan
de las lanchas?



División o apareamiento

La luz a contraluz
difiere en la precisión
del hueco
huérfano de la córnea
que expulsó el ojo
de Irene
y el nuevo embarazo del caos
entre estos planos.



(*)Fabricio Simeoni, (Rosario, Argentina,1974).
Es poeta y periodista. Fue codirector de "Los Lanzallamas", revista de arte y literatura.
Colaboró con medios radiales y gráficos. Coordina los talleres literarios de la biblioteca Gastón Gori (Fisherton, Secretaría de Cultura Municipalidad de Rosario), Centro de Permanencia Transitoria (Ministerio de Desarrollo Social) e Instituto de Rehabilitación para Adolescentes de Rosario (Ministerio de Justicia), centro de día Bindu y talleres itinerantes en escuelas entre ellas, la número 147 (actividad gestionada por Trasband).
Participa en los ciclos de lecturas de poesía de su ciudad. En 2005 fue declarado en Rosario Artista Distinguido por su trayectoria, reconocimiento otorgado por el Honorable Consejo Municipal. En 2006 fue reconocido artista de la provincia de Santa Fe (Cámara de Diputados).
Obtuvo en 2007 el primer premio del concurso municipal de poesía Felipe Aldana por “Cavidades del recreo” en co-autoría con Fernando Marquínez. Desde el 2006 ejerce la prensa y difusión de las actividades culturales de la Plaza Cívica (Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe). Colabora en El Fisgón Digital y en el programa Viaje a Babilonia (radio Nacional).

Publicaciones:
 "Cronos" (los lanzallamas 2000, declarado de interés municipal); "Rey Piojo" (poesía, los lanzallamas 2001); "Calambre de los descensos" (poesía, los lanzallamas 2003); "Agua Virgen" (poesía, con fotografía de Federico Tinivella, Menta producciones 2004); "Jardines Flotantes" (opúsculo de poesía, Junco y Capuli 2005); "Sub" (poesía, ciudad gótica 2005); "Otro Pasto" (con otros autores, editorial Ross 2007); "Cavidades del recreo" (poesía, con Fernando Marquinez, Edit. Municipal, Rosario 2007); “Alquímica”  CD con música de Fabián Gallardo y las voces de: Darío Grandinetti, Roberto Fontanarrosa, Gustavo Cordera, Silvina Garre, Quique Pesoa, Mónica Alfonso, Carlos Resta, Daniel Querol (www.alquimica.com.ar), 2007; "La mujer de las cortadas" (relatos, editorial fundación Ross 2008); "Episodios del fuego" (poesía, con fotografía de Federico Tinivella y Ariel Subirá, Menta producciones 2009); “El prontuario de la luciérnaga” (poesía, Papeles de Boulevard 2009); “Masticables” (poesía en colaboración con otros autores. Grupo “Como Brea” 2010); “Libro de filosofía”(El ombú Bonsai, 2011); “Cuentos Batidos” relatos y cuentos junto a Federico Tinivella (Homo Sapiens, 2012); Participó en numerosas antologías.


martes, 31 de julio de 2012

Héctor Tizón (1929-2012)


 


Homenaje de Vuelo de noche, al gran narrador jujeño







Fragmentos de la novela Luz de las crueles provincias (Alfaguara, Buenos Aires, 1995), que tan bien refleja la soledad, la orfandad, la difícil readaptación de los inmigrantes que se desparramaron por el país en el primer tercio del siglo XX.

Y rato después, cuando las luces de la ciudad se perdían hacia atrás y el tren se desplazaba hacia el oscuro corazón de la tierra, ellos se adormilaban en la molicie trepidante, monótona y tibia del vagón. Los dos viajeros ya para siempre juntos, sentados a la par y apoyados en la duermevela que precede al sueño, pensaban que la vida, sus vidas, habían partido de la inmensidad perdida, que el potente misterio de los sucesos y de los instantes transcurridos había pasado cerca de ellos y la luz mágica del tiempo los había alumbrado, y que, como todos los hombres, habían sido seres errantes, exiliados sobre la tierra, y que como todos carecían de hogar, y que dondequiera que las poderosas ruedas los llevaran, allí tendrían su hogar.
[…]
Y después alcanzaron los oscuros valles, en vísperas de la llegada. Pero antes hay una parada para reabastecerse de agua en una estación de empalme. Giovanni desciende para desaletargar las piernas y mira y piensa a qué distancias lo ha llevado la vida. Después vuelve al tren a desplazarse sobre su largo derrotero, y una y otra vez las estaciones se suceden sin que los viajeros logren retener sus nombres a poco que desaparecen en la marcha, y él, y ella, tal vez, piensa en el pueblecito remoto y escondido del cual ellos vienen, los rostros de sus parientes y amigos, las voces familiares, las sombras de las cosas que conocían, que parecen ya lejanos y extraños como los sueños olvidados, como un extraño y amargo milagro de la vida. Su pueblo, del cual más adelante solo recordarán su nombre y unas sombras equívocas. Ahora, piensa, toda su vida le parece más extraña incluso que el letargo del tiempo, y mientras tanto, el tren avanza a lo largo de este país nuevo, arrastrando su monotonía, que es el sonido del silencio y el sonido de lo eterno, en este tren y en las distancias vacías y los centenares de pueblos que duermen sobre la tierra.
(págs. 61-62)

Aun siendo pobres aquí es un placer que llueva, y llovía para todos. La lluvia nos hermanaba, como el sol, los terremotos, el viento de agosto y la visión del cielo. Nos hermanaba con fantasmas, porque aquí los pueblos son de casas cegadas, tejados vencidos o caídos, con patios de donde han huido los ecos tutelares, parrales estériles y tinajas ciegas. Y solo el eco de un tren ferroviario que aun pasa, de crujientes vagones despintados y copiosos de pasajeros trashumantes. Apenas se había quedado solo, sin apenas llorarla a la anterior, muerta de parto, aún el hijo balbuceante en la cuna, en una noche de éstas, tan cálidas y demoradas, había cruzado el ámbito y fue hasta su jergón, en la cocina, y fueron lágrimas de dolor y goce, seguramente, y ahora la llamaba Candelaria, como a otra su mujer que ya tuvo. El corazón de mi abuela –había dicho ella– era ya seco cuando yo lo conocí. Apenas si tenía palabras, palabras que eran como arquetipos de las cosas, crocantes o crujientes, titubeantes, como aisladas enseñanzas, lecciones para la sobrevivencia o para no morir. Candelaria no las tuvo y aquí no hay invención. No surge nada de la nada.

(pág 73)


 

Héctor Tizón: (1929, Yala, Jujuy- 2012)
Ex diplomático, juez en su provincia natal. Ha publicado, entre otros títulos, los libros de relatos A un costado de los rieles (1960; Alfaguara, 2001) y El gallo blanco (Alfaguara, 1992); las novelas Fuego en Casabindo (1969; Alfaguara, 2000), El cantar del profeta y el bandido (1972; Alfaguara, 2004), Sota de bastos, caballo de espadas (1975; Alfaguara, 2003), La casa y el viento (1984; Alfaguara, 2001), El viaje (1988), Luz de las crueles provincias (Alfaguara, 1995), La mujer de Strasser (1997), Extraño y pálido fulgor (Alfaguara, 1999), El viejo soldado (Alfaguara, 2002), La belleza del mundo (2004) y El hombre que llegó a un pueblo (1988; Alfaguara, 2005). Sus artículos y ensayos han sido recopilados en Tierras de frontera (Alfaguara, 2000) y en No es posible callar (Taurus, 2004), y sus relatos en Cuentos completos (Alfaguara, 2006). Su obra ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán. En 2008 publicó las memorias El resplandor de la hoguera (Alfaguara). Ha recibido, entre otros, los premios Konex, Academia Nacional de las Letras, Consagración y el Gran Premio 2000 del Fondo Nacional de las Artes. En 1996 recibió el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia. Fue uno de los más grandes narradores contemporáneos en lengua española. Su último libr, recientemente publicado: Memorial de la Puna

domingo, 29 de julio de 2012

SANTOS Y DESACROSANTOS (Enrique M. Butti)

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Enrique Butti. Foto: Flavio Raina

 SANTOS Y DESACROSANTOS, COLECCIÓN "NARRATIVAS CONTEMPORÁNEAS" (directoras, Gloria Lenardón y Marta Ortiz) para Editorial Fundación Ross, Rosario.

(Reseña por Patricia Severín en Suplemento Artes y Letras, diario El Litoral, Santa Fe, publicada el sábado 28 de julio de 2012)

Las insondables razones de la fe

Por Patricia Severín

“Santos y desacrosantos”, cuentos de Enrique M. Butti. Editorial Fundación Ross, Rosario, Santa Fe, 2012.
Es la fe, esa cuestión antigua y a su vez novísima, esa idea degradada pero también luminosa, la que inspira la pluma de Enrique Butti y lo lleva a narrar de manera clara y profunda. De esa pluma nacen extraños (y a la vez vecinos y cercanos) personajes; la fe corporiza a Adolfo (alias “Arañita”) para arrastrarse por los intersticios “como una lagartija o como una cucaracha” y dejar que tome el mando la voracidad de los otros, para que luego, esa fe, se transforme y se entregue al amor por Cecilia. Lo mismo en “Ramón, santo patrono de los vendedores al pie de la ruta”, en donde el personaje termina envuelto por el manto de la Virgen María, o en “Inmensa et innumerabilia”, cuando, nostálgico e incrédulo, regresa a su patria otro personaje sin nombre, después de haber concretado su pequeño milagro. Y está Florial Sosa en el cuento “Pastor de aguas”, que ha puesto toda su fe en el río, y a su vez lo ha maldecido de tal modo que el agua no hace más que cobrarse su venganza en una persecución, que luego contrarresta la fe de Jacinto Lazo, para deshacer el maleficio. Y también Rosa y su enamorado, y el salto que deberían dar para amarse eternamente.
El volumen de cuentos presenta dos líneas de escritura, Santos y desacrosantos y Solfeo (esta segunda serie publicada en México en 1993 y recién ahora en la Argentina). Seis cuentos en cada una de sus partes, cuyos personajes siempre cruzan alguna frontera, metiéndose en las aguas, en ranuras, al lado del cortinado de un teatro para escapar de prisa, en un galpón abandonado, en donde un cuerpo que lo entregó todo se deshace sin que nadie lo reclame. Personajes que descubrimos habitando la casa próxima o barriadas más lejanas, mixturados por la rareza de la vida y traídos a las formas de la escritura, con esa empeñosa manera de Butti de hacer que las historias sean comprensibles para todos. Como él mismo ha dicho, trabajó durante años sobre la idea de salir de la escritura críptica, en un esfuerzo por aunar literatura, profundidad y sencillez, para que todo tipo de lectores puedan abordar y disfrutar sus textos.
En Santos y desacrosantos, la comprensión y el gozo de cada cuento serán sin lugar a dudas diferentes para cada lector, según experiencias y lecturas previas; pero el basamento de fe y amor confluyen como un mismo destino, en la literatura de Enrique Butti. Y allí reside también el misterio insondable del corazón de este libro: ¿cuáles son y de dónde vienen las razones de la fe?
De muy cuidada edición, con foto de tapa y contratapa de Cecilia Lenardón, y un trabajo preciso de las compiladoras Gloria Lenardón y Marta Ortiz, se presenta como el cuarto título de Narrativa Contemporánea, de Ediciones de Fundación Ross.

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Tapa y contratapa del libro publicado por Fundación Ross, con fotografías de Cecilia Lenardón.

 Enlace:
 http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/07/28/arteyletras/ARTE-01.html

domingo, 22 de julio de 2012

Reseña de CACERÍA (cuentos)
























  
Cacería
María Teresa Andruetto
(Random-House Mondadori, 2012)
 
Mi comentario:
en: Suplemento Señales, La Capital, Rosario, 29/11/2009

enlace:

Texto completo: 
 Felicidad imperfecta
por Marta Ortiz 
 
La variada producción literaria de María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, 1954; reciente premio Hans Christian Andersen) abarca poesía, novela, cuento, literatura infantil-juvenil, ensayo y teatro. Es el turno ahora de Cacería, trece cuentos, algunos reeditados, otros inéditos, escritos –se advierte en las palabras preliminares–, a lo largo de veinte años, “en los intersticios de otros proyectos de escritura”; palabras que me remiten a otras, de Antonio di Benedetto, leídas en diálogo con Ricardo Zelarrayán: “Para mí el cuento es mi hobby de novelista, y a veces me apesadumbra la certidumbre de que la novela pueda ser mi hobby de cuentista”. Así, en los espacios en blanco que abre el juego de seducción (el autor se debate indefenso entre géneros de escritura que lo atraen por igual), se pergeñaron y facetaron estas gemas a partir de cuya génesis, ella se propuso una doble exploración de género: femenino y cuento.
A excepción de dos relatos, los personajes femeninos son protagonistas excluyentes. Viven sus confusiones y pesadumbres desde un conflicto que delata alguna debilidad o marginalidad (salvo la práctica antropófaga en el exclusivo club de mujeres que cazan y matan hombres en Todo movimiento es cacería para ofrecerlos como “el manjar prohibido” en su restaurant “para mujeres cuidadosamente seleccionadas”). Un recorte clave en sus vidas las ubica al borde de algún precipicio, un orden conocido se derrumba para instalar otro, vagamente intuido, visible solo en el devenir de la trama. Víctimas de figuras opresivas tributarias del poder derivado de construcciones sociales aceptadas y convalidadas, llámese marido autoritario o infiel, o ambas categorías a la vez, madre cómplice o indiferente, represor y torturador o “brazo armado de la comunidad”, entre otros victimarios/as.
La elocuente imagen que ilustra la tapa –April, acuarela de la neoyorquina Amy Cutler (1974) –, evidencia la imposibilidad cultural de algunas mujeres (como en su reverso lo delatan los contenidos de las historias), de revisar y modificar libremente sus objetivos y decisiones: así, la joven sentada en un taburete sostiene el cuerpo erguido en tanto su cabeza decapitada rodó y sólo le sirve para apoyar los pies.
Jaqueada por un pasado de humillación, forzada a elegir el atajo, el callejón oscuro–, la protagonista de Los rastros de lo que era, contra toda lógica elige sostener una relación perversa con su carcelero y torturador: “si fuera posible suprimir la memoria, acabarían de un soplo no sólo los horrores del pasado sino los que vendrán; pero no se puede”, afirma. Desde otro lugar, análogo a los personajes de las novelas que ha leído, Luisa (Sola por algunas horas), espera otorgarle un sentido a su vida que la justifique ante sí y los demás: “…también ella, como ese tal Diego de Zama esperaba, pero no sabía, sabía menos que él, qué esperaba…”
Un hombre viejo a la orilla del camino y La muerte y las aves plantean el relato desde un punto de vista masculino. El primero subraya el estereotipo del exitoso ganador que no conoce límites, cuyo humor sube o baja según el ritmo bursátil; dueño de un falso discurso que ahonda el hiato –no existe lenguaje que lo salve– que lo separa de su antagonista: un viejo indigente y enfermo al que intenta ayudar, “se había empeñado en cumplir, de algún modo todavía borroso, una obra de  bien...”, para luego cargarlo con el peso de un delito que no cometió. En La muerte y las aves, un matadero de pollos y gallinas es el pretexto para poner bajo la lupa los mecanismos del acto de matar: los procedimientos, grados de tortura que padece el animal. “Matar es una tarea desagradable”, se dice en el inicio, “complicada”, que exige “cierto orden”. Desplazando la clave de lectura, el texto ilumina –o entenebrece– un espejo o metáfora de los años de plomo en Argentina: “Es como es en los corrales de este lado del mundo”, afirma el narrador.
En la ruta chejoviana, los cuentos de Cacería exponen la vida diaria: miserias, grandezas y banalidades en torno al matrimonio, la amistad, la infidelidad, el prejuicio, la vejez, el trabajo, la enfermedad, y más. Lenguaje no complaciente, claro y sin artificios que bordea la ironía, la parodia, el humor, y deja su espacio, en los remates abiertos o ambiguos, a la actividad del lector.
La felicidad, al final de la serie, dialoga con el filme de la cineasta danesa Agnès Varda: Le bonheur (La felicidad, 1965), y con el bello y sutil cuento de K. Mansfield Felicidad perfecta, obras pivoteadas en conflictos derivados de triángulos amorosos. Las tres búsquedas interpelan el mismo objeto, se iluminan entre sí. La protagonista de Andruetto medita los contenidos del concepto “felicidad” –alcanzada ya la edad madura todo ha cristalizado en su justa medida y equilibrio–; nada, como tampoco en las tramas de Varda y Mansfield, permite vislumbrar el dramático final. Su reflexión en torno a ese estado dudoso, vulnerable, llamado “felicidad”, estado que a su vez los tres relatos se ocupan de transgredir y desmentir, remite a otros personajes femeninos de Cacería. Se pregunta –y la pregunta abarca por igual, en el lúcido juego de intertextualidades coincidentes, la cumbre y el abismo propios y ajenos– qué estaría pensando Bertha Young (en el cuento de Mansfield) cuando cree tocar el punto más alto (como el árbol de peras “que parece que va a rozar el borde de la luna”) de su eufórica felicidad, sin intuir siquiera que está a punto de perderla: “dos mujeres atrapadas en un círculo preguntándose qué deben hacer con esa felicidad que les oprime el pecho”.