OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

miércoles, 8 de diciembre de 2010

ALICIA SALINAS (*), POETA INVITADA


POETAS DE ROSARIO VIII


Claustrofobia


Lucha mi palabra, no engendrada. Quiere

que un niño la encuentre por la calle

y se la coma, la cante uno que trabaja.


Asfixia la forma, el fondo: punto

por donde el olvido pasa

y conmueve.


Intemperie


Como niño sin comida

me muero de tu frío.

Como todo niño de las calles

sobrevivo.


Quién nos canta la canción de cuna

que si no escuchamos ya

de nada servirá más adelante.




Madre

¿Un animal furioso

que mastica la piedra de la calle?

Juan Gelman

Con los hinojos marchitos del jardín,

los pulmones negros, palomas podridas

en el cielo

salgo esta mañana. El tiempo es nada

cuando un niño sin zapatos pide algo

que quién sabe.


Caen

las puntas de pelo brillante en las caderas,

se detiene la calle para ver. Sin embargo

tanto quisiera gritar

el horror de mi infecto corazón,

de este niño que como perro me persigue.


Y no puedo ser su madre.


(de Gallina Ciega)



Ribereña


Años después de vivir contra el río,

lo que fluye persevera y purga.

En la orilla remedo todo pasado,

vuelvo al ruedo de mí misma.

A qué cuenco va el silencio

de los ceibales. Tarde en fuga.


Desde la isla refulge la dentadura

vertical de las torres donde antes

llanura y luego patios con jazmines.

En qué rincón quien espera y quien

no olvida.


Como el río arrastra lodos y ramajes,

me persigue siempre una pena.

Aún si brillo, palpita el sueño trunco.


¿Y si busco lo que no es posible?

¿Si han demolido también la casa

de los que me amaron, si ellos

ya no saben cómo encontrarme?


Falso Manhattan, la soledad era esto.


Yo que viví de espaldas al río,

hoy mi sangre transcurre e inunda.

Amarronada agua, siempre

adelante.



Primavera


Halaga el jazmín del país

como cada septiembre.

Moraleja blanca de la vida:

cavernosa voz de sus aromas

en el pequeño patio de baldosas

que resiste, con su antiguo

aire y hechura, el ímpetu

volcánico de la metrópoli.


Milagro, nuevo ciclo

de la tierra en los finos

filetes de las flores, tallando

a la enramada ramilletes.

Sensación de gratitud

ante semejante panorama.


Cómo pensar ahora a la ciudad

también en sus hedores,

en la moneda que resbaló

de manos del mendigo

por un temblor, viento

intenso de primavera, vahos

del alcohol de mala calidad

bebido cada noche mientras

regresamos a casa del trabajo

o vamos felices a una fiesta.


Y esa moneda rueda

hasta la alcantarilla, cae

por los ductos oscuros, corta

el moho con su filo, atraviesa

el centro mezclada con las heces,

conoce las veleidades de roedores

e insectos poco amables

a los humanos. Hasta llegar al río,

donde se hunde en la profundidad

del gigante que fluye.


Halaga el jazmín, dulce

y generoso entrega

por entero su belleza

también a los vecinos

y transeúntes. Acaso

al mendigo que extiende

su mano a veces, y sólo atino

a darle una moneda.



Posta


Qué saben de la primavera

quienes tanto la nombran.

Ni llano ni río para que el poema

provenga de Rosario. En su origen

una virgen, un altar, el palenque

para descanso de caballos

y gentes camino a la metrópolis.


Una misión contemporánea: averiguar

dónde están las mariposas (anuncian

la retirada del invierno). La señora

se preocupa porque los nuevos edificios

le tapan el sol, mientras caen obreros

al vacío y las orugas se extinguieron.


Busco a los poetas

en bares que conocí, soñé, me contaron.

Whisky hasta el amanecer, embebidos

de otras profesiones y oficios

se reían de sí, secretamente

envidiaban la sombra del vecino.

Los busco bajo las baldosas del centro

pues llegaban de los barrios al reducto

elegido, al buril del librero

que bruñía su próxima lectura.


Qué saben de la primavera

los que no entienden la poesía.

Donde la palabra daba vida

a la crisálida, torres clavan

su sombra y aún hay alguien

camino a ningún sitio

del que soy sólo su posta.


No cultivo el desencanto pero

cae la noche y todo lo que duele

es más doliente. Quizás por eso

susurra sus respuestas el olvido.


(Ribera, Primavera y Posta, poemas inéditos)


(*) Alicia Salinas (1976), Rosario. Licenciada en Comunicación Social, periodista, poeta y docente. Entre otras publicaciones literarias, sus poemas figuran en Cronopios (Brasil), Arquitrave (Colombia) y Revista Ricardo Reis (Uruguay). Participó en el Festival Internacional de Poesía de Rosario (Ed. 1997 y 2005), en el Encuentro de Escrituras de Maldonado, Uruguay (Ed. 2009) y en el Encuentro Internacional de Poesía “Teatro El Círculo”, Rosario (2010). En 2008 fue jurado del 27º concurso internacional de la poesía de Acebal, provincia de Santa Fe, con motivo de la fiesta anual de poesía “Plaza de los Poetas José Pedroni”.

Publicó: La sumergida (Poesía) Ed. Los Lanzallamas. Rosario, 2003; Gallina Ciega (Poesía) Ed. Ciudad Gótica. Rosario, 2009. En antologías: Los que siguen. Veintiún Poetas Rosarinos. Ed. Los Lanzallamas. Rosario, 2002; Dodecaedro (Poesía) Ed. del Concejo Deliberante de la Municipalidad de Rosario, 2004; PULPA. (Poesía) Gatogrillé Ediciones. Rosario, 2006; LAS 40. Poetas santafesinas 1922 – 1981. Ed. Ministerio de Innovación y Cultura y U.N.L. Santa Fe, 2008; Diecinueve de fondo (Poesía). Gatogrillé Ediciones. Rosario, 2008; Poetas del Tercer Mundo, Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2008; Segunda Selección de Poetas Argentinos, Asociación de Poetas Argentinos (APOA). Buenos Aires, 2009; Fin zona urbana (Poesía), en prensa.

Contacto: alines.alines@gmail.com

2 comentarios:

galáctica dijo...

Esta poesía entra en la realidad, se hace entraña, se corta con el cuchillo del dolor que hay en el mundo, sufre , y también conoce el vuelo, la voz de la mariposa, y el infierno de la moneda que rueda hasta las alcantarillas en un mundo donde los niños se mueren de frío. Excelente poesía, excelente elección , Marta
Saludos poéticos para Alicia y Marta
Irene Marks

Vuelo de noche dijo...

Coincido, Irene, excelente poesía que aquí visibiliza historias de dolor. Un abrazo