OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

martes, 31 de julio de 2012

Héctor Tizón (1929-2012)


 


Homenaje de Vuelo de noche, al gran narrador jujeño







Fragmentos de la novela Luz de las crueles provincias (Alfaguara, Buenos Aires, 1995), que tan bien refleja la soledad, la orfandad, la difícil readaptación de los inmigrantes que se desparramaron por el país en el primer tercio del siglo XX.

Y rato después, cuando las luces de la ciudad se perdían hacia atrás y el tren se desplazaba hacia el oscuro corazón de la tierra, ellos se adormilaban en la molicie trepidante, monótona y tibia del vagón. Los dos viajeros ya para siempre juntos, sentados a la par y apoyados en la duermevela que precede al sueño, pensaban que la vida, sus vidas, habían partido de la inmensidad perdida, que el potente misterio de los sucesos y de los instantes transcurridos había pasado cerca de ellos y la luz mágica del tiempo los había alumbrado, y que, como todos los hombres, habían sido seres errantes, exiliados sobre la tierra, y que como todos carecían de hogar, y que dondequiera que las poderosas ruedas los llevaran, allí tendrían su hogar.
[…]
Y después alcanzaron los oscuros valles, en vísperas de la llegada. Pero antes hay una parada para reabastecerse de agua en una estación de empalme. Giovanni desciende para desaletargar las piernas y mira y piensa a qué distancias lo ha llevado la vida. Después vuelve al tren a desplazarse sobre su largo derrotero, y una y otra vez las estaciones se suceden sin que los viajeros logren retener sus nombres a poco que desaparecen en la marcha, y él, y ella, tal vez, piensa en el pueblecito remoto y escondido del cual ellos vienen, los rostros de sus parientes y amigos, las voces familiares, las sombras de las cosas que conocían, que parecen ya lejanos y extraños como los sueños olvidados, como un extraño y amargo milagro de la vida. Su pueblo, del cual más adelante solo recordarán su nombre y unas sombras equívocas. Ahora, piensa, toda su vida le parece más extraña incluso que el letargo del tiempo, y mientras tanto, el tren avanza a lo largo de este país nuevo, arrastrando su monotonía, que es el sonido del silencio y el sonido de lo eterno, en este tren y en las distancias vacías y los centenares de pueblos que duermen sobre la tierra.
(págs. 61-62)

Aun siendo pobres aquí es un placer que llueva, y llovía para todos. La lluvia nos hermanaba, como el sol, los terremotos, el viento de agosto y la visión del cielo. Nos hermanaba con fantasmas, porque aquí los pueblos son de casas cegadas, tejados vencidos o caídos, con patios de donde han huido los ecos tutelares, parrales estériles y tinajas ciegas. Y solo el eco de un tren ferroviario que aun pasa, de crujientes vagones despintados y copiosos de pasajeros trashumantes. Apenas se había quedado solo, sin apenas llorarla a la anterior, muerta de parto, aún el hijo balbuceante en la cuna, en una noche de éstas, tan cálidas y demoradas, había cruzado el ámbito y fue hasta su jergón, en la cocina, y fueron lágrimas de dolor y goce, seguramente, y ahora la llamaba Candelaria, como a otra su mujer que ya tuvo. El corazón de mi abuela –había dicho ella– era ya seco cuando yo lo conocí. Apenas si tenía palabras, palabras que eran como arquetipos de las cosas, crocantes o crujientes, titubeantes, como aisladas enseñanzas, lecciones para la sobrevivencia o para no morir. Candelaria no las tuvo y aquí no hay invención. No surge nada de la nada.

(pág 73)


 

Héctor Tizón: (1929, Yala, Jujuy- 2012)
Ex diplomático, juez en su provincia natal. Ha publicado, entre otros títulos, los libros de relatos A un costado de los rieles (1960; Alfaguara, 2001) y El gallo blanco (Alfaguara, 1992); las novelas Fuego en Casabindo (1969; Alfaguara, 2000), El cantar del profeta y el bandido (1972; Alfaguara, 2004), Sota de bastos, caballo de espadas (1975; Alfaguara, 2003), La casa y el viento (1984; Alfaguara, 2001), El viaje (1988), Luz de las crueles provincias (Alfaguara, 1995), La mujer de Strasser (1997), Extraño y pálido fulgor (Alfaguara, 1999), El viejo soldado (Alfaguara, 2002), La belleza del mundo (2004) y El hombre que llegó a un pueblo (1988; Alfaguara, 2005). Sus artículos y ensayos han sido recopilados en Tierras de frontera (Alfaguara, 2000) y en No es posible callar (Taurus, 2004), y sus relatos en Cuentos completos (Alfaguara, 2006). Su obra ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán. En 2008 publicó las memorias El resplandor de la hoguera (Alfaguara). Ha recibido, entre otros, los premios Konex, Academia Nacional de las Letras, Consagración y el Gran Premio 2000 del Fondo Nacional de las Artes. En 1996 recibió el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia. Fue uno de los más grandes narradores contemporáneos en lengua española. Su último libr, recientemente publicado: Memorial de la Puna

domingo, 29 de julio de 2012

SANTOS Y DESACROSANTOS (Enrique M. Butti)

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Enrique Butti. Foto: Flavio Raina

 SANTOS Y DESACROSANTOS, COLECCIÓN "NARRATIVAS CONTEMPORÁNEAS" (directoras, Gloria Lenardón y Marta Ortiz) para Editorial Fundación Ross, Rosario.

(Reseña por Patricia Severín en Suplemento Artes y Letras, diario El Litoral, Santa Fe, publicada el sábado 28 de julio de 2012)

Las insondables razones de la fe

Por Patricia Severín

“Santos y desacrosantos”, cuentos de Enrique M. Butti. Editorial Fundación Ross, Rosario, Santa Fe, 2012.
Es la fe, esa cuestión antigua y a su vez novísima, esa idea degradada pero también luminosa, la que inspira la pluma de Enrique Butti y lo lleva a narrar de manera clara y profunda. De esa pluma nacen extraños (y a la vez vecinos y cercanos) personajes; la fe corporiza a Adolfo (alias “Arañita”) para arrastrarse por los intersticios “como una lagartija o como una cucaracha” y dejar que tome el mando la voracidad de los otros, para que luego, esa fe, se transforme y se entregue al amor por Cecilia. Lo mismo en “Ramón, santo patrono de los vendedores al pie de la ruta”, en donde el personaje termina envuelto por el manto de la Virgen María, o en “Inmensa et innumerabilia”, cuando, nostálgico e incrédulo, regresa a su patria otro personaje sin nombre, después de haber concretado su pequeño milagro. Y está Florial Sosa en el cuento “Pastor de aguas”, que ha puesto toda su fe en el río, y a su vez lo ha maldecido de tal modo que el agua no hace más que cobrarse su venganza en una persecución, que luego contrarresta la fe de Jacinto Lazo, para deshacer el maleficio. Y también Rosa y su enamorado, y el salto que deberían dar para amarse eternamente.
El volumen de cuentos presenta dos líneas de escritura, Santos y desacrosantos y Solfeo (esta segunda serie publicada en México en 1993 y recién ahora en la Argentina). Seis cuentos en cada una de sus partes, cuyos personajes siempre cruzan alguna frontera, metiéndose en las aguas, en ranuras, al lado del cortinado de un teatro para escapar de prisa, en un galpón abandonado, en donde un cuerpo que lo entregó todo se deshace sin que nadie lo reclame. Personajes que descubrimos habitando la casa próxima o barriadas más lejanas, mixturados por la rareza de la vida y traídos a las formas de la escritura, con esa empeñosa manera de Butti de hacer que las historias sean comprensibles para todos. Como él mismo ha dicho, trabajó durante años sobre la idea de salir de la escritura críptica, en un esfuerzo por aunar literatura, profundidad y sencillez, para que todo tipo de lectores puedan abordar y disfrutar sus textos.
En Santos y desacrosantos, la comprensión y el gozo de cada cuento serán sin lugar a dudas diferentes para cada lector, según experiencias y lecturas previas; pero el basamento de fe y amor confluyen como un mismo destino, en la literatura de Enrique Butti. Y allí reside también el misterio insondable del corazón de este libro: ¿cuáles son y de dónde vienen las razones de la fe?
De muy cuidada edición, con foto de tapa y contratapa de Cecilia Lenardón, y un trabajo preciso de las compiladoras Gloria Lenardón y Marta Ortiz, se presenta como el cuarto título de Narrativa Contemporánea, de Ediciones de Fundación Ross.

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Tapa y contratapa del libro publicado por Fundación Ross, con fotografías de Cecilia Lenardón.

 Enlace:
 http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/07/28/arteyletras/ARTE-01.html

domingo, 22 de julio de 2012

Reseña de CACERÍA (cuentos)
























  
Cacería
María Teresa Andruetto
(Random-House Mondadori, 2012)
 
Mi comentario:
en: Suplemento Señales, La Capital, Rosario, 29/11/2009

enlace:

Texto completo: 
 Felicidad imperfecta
por Marta Ortiz 
 
La variada producción literaria de María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Córdoba, 1954; reciente premio Hans Christian Andersen) abarca poesía, novela, cuento, literatura infantil-juvenil, ensayo y teatro. Es el turno ahora de Cacería, trece cuentos, algunos reeditados, otros inéditos, escritos –se advierte en las palabras preliminares–, a lo largo de veinte años, “en los intersticios de otros proyectos de escritura”; palabras que me remiten a otras, de Antonio di Benedetto, leídas en diálogo con Ricardo Zelarrayán: “Para mí el cuento es mi hobby de novelista, y a veces me apesadumbra la certidumbre de que la novela pueda ser mi hobby de cuentista”. Así, en los espacios en blanco que abre el juego de seducción (el autor se debate indefenso entre géneros de escritura que lo atraen por igual), se pergeñaron y facetaron estas gemas a partir de cuya génesis, ella se propuso una doble exploración de género: femenino y cuento.
A excepción de dos relatos, los personajes femeninos son protagonistas excluyentes. Viven sus confusiones y pesadumbres desde un conflicto que delata alguna debilidad o marginalidad (salvo la práctica antropófaga en el exclusivo club de mujeres que cazan y matan hombres en Todo movimiento es cacería para ofrecerlos como “el manjar prohibido” en su restaurant “para mujeres cuidadosamente seleccionadas”). Un recorte clave en sus vidas las ubica al borde de algún precipicio, un orden conocido se derrumba para instalar otro, vagamente intuido, visible solo en el devenir de la trama. Víctimas de figuras opresivas tributarias del poder derivado de construcciones sociales aceptadas y convalidadas, llámese marido autoritario o infiel, o ambas categorías a la vez, madre cómplice o indiferente, represor y torturador o “brazo armado de la comunidad”, entre otros victimarios/as.
La elocuente imagen que ilustra la tapa –April, acuarela de la neoyorquina Amy Cutler (1974) –, evidencia la imposibilidad cultural de algunas mujeres (como en su reverso lo delatan los contenidos de las historias), de revisar y modificar libremente sus objetivos y decisiones: así, la joven sentada en un taburete sostiene el cuerpo erguido en tanto su cabeza decapitada rodó y sólo le sirve para apoyar los pies.
Jaqueada por un pasado de humillación, forzada a elegir el atajo, el callejón oscuro–, la protagonista de Los rastros de lo que era, contra toda lógica elige sostener una relación perversa con su carcelero y torturador: “si fuera posible suprimir la memoria, acabarían de un soplo no sólo los horrores del pasado sino los que vendrán; pero no se puede”, afirma. Desde otro lugar, análogo a los personajes de las novelas que ha leído, Luisa (Sola por algunas horas), espera otorgarle un sentido a su vida que la justifique ante sí y los demás: “…también ella, como ese tal Diego de Zama esperaba, pero no sabía, sabía menos que él, qué esperaba…”
Un hombre viejo a la orilla del camino y La muerte y las aves plantean el relato desde un punto de vista masculino. El primero subraya el estereotipo del exitoso ganador que no conoce límites, cuyo humor sube o baja según el ritmo bursátil; dueño de un falso discurso que ahonda el hiato –no existe lenguaje que lo salve– que lo separa de su antagonista: un viejo indigente y enfermo al que intenta ayudar, “se había empeñado en cumplir, de algún modo todavía borroso, una obra de  bien...”, para luego cargarlo con el peso de un delito que no cometió. En La muerte y las aves, un matadero de pollos y gallinas es el pretexto para poner bajo la lupa los mecanismos del acto de matar: los procedimientos, grados de tortura que padece el animal. “Matar es una tarea desagradable”, se dice en el inicio, “complicada”, que exige “cierto orden”. Desplazando la clave de lectura, el texto ilumina –o entenebrece– un espejo o metáfora de los años de plomo en Argentina: “Es como es en los corrales de este lado del mundo”, afirma el narrador.
En la ruta chejoviana, los cuentos de Cacería exponen la vida diaria: miserias, grandezas y banalidades en torno al matrimonio, la amistad, la infidelidad, el prejuicio, la vejez, el trabajo, la enfermedad, y más. Lenguaje no complaciente, claro y sin artificios que bordea la ironía, la parodia, el humor, y deja su espacio, en los remates abiertos o ambiguos, a la actividad del lector.
La felicidad, al final de la serie, dialoga con el filme de la cineasta danesa Agnès Varda: Le bonheur (La felicidad, 1965), y con el bello y sutil cuento de K. Mansfield Felicidad perfecta, obras pivoteadas en conflictos derivados de triángulos amorosos. Las tres búsquedas interpelan el mismo objeto, se iluminan entre sí. La protagonista de Andruetto medita los contenidos del concepto “felicidad” –alcanzada ya la edad madura todo ha cristalizado en su justa medida y equilibrio–; nada, como tampoco en las tramas de Varda y Mansfield, permite vislumbrar el dramático final. Su reflexión en torno a ese estado dudoso, vulnerable, llamado “felicidad”, estado que a su vez los tres relatos se ocupan de transgredir y desmentir, remite a otros personajes femeninos de Cacería. Se pregunta –y la pregunta abarca por igual, en el lúcido juego de intertextualidades coincidentes, la cumbre y el abismo propios y ajenos– qué estaría pensando Bertha Young (en el cuento de Mansfield) cuando cree tocar el punto más alto (como el árbol de peras “que parece que va a rozar el borde de la luna”) de su eufórica felicidad, sin intuir siquiera que está a punto de perderla: “dos mujeres atrapadas en un círculo preguntándose qué deben hacer con esa felicidad que les oprime el pecho”.

viernes, 20 de julio de 2012

miércoles, 18 de julio de 2012

un poema de mi Diario de la plaza


Pirotecnia
                       
Algo indócil debilita los cimientos
-noche de cigarras atascadas– alguien lo dijo.

Algo de luz mala y azul
regresa el dominio de la pólvora
duplica
             topónimos ardidos
en el confín del planeta.

Algo de obsceno dilatan las dalias
pétalo a pétalo
llovidas en el cielo.
Replicados tallos de bengala
dibujan su ficción de trueno y viaje a las estrellas.

Mareo en la marea.
Fiesta de coronación descoronada.
El aire apócrifo apesta a desmemoria.


Por Marta Ortiz
 

domingo, 15 de julio de 2012

 " ARTE POR LA PAZ "

INVITADOS A LEER

TONA TALETI, MARTA ORTIZ, EDUARDO VALVERDE,
DAVID FUKS, RUBEN ECHAGUE Y JAVIER NUÑEZ.


HOMENAJE A DOS GRANDES MAESTROS DEL ARTE
DE ROSARIO: 
OSCAR HERRERO MIRANDA 
(CON LAPRESENCIA DE SU HIJA CORINA HERRERO MIRANDA), 
MARIA SUARDI 
 ( QUIEN EXPONE SU   RETROSPECTIVA EN EL
MUSEO DE BELLAS ARTES JUAN B. CASTAGNINO )

 EN SU 12 AÑO CONSECUTIVO.
EL LUNES 16 DE JULIO, A LAS 20 
BAR-RESTO-CULTURAL " LENNON "
(ESQUINA DE PARAGUAY Y URQUIZA)
 ROSARIO
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(DERECHOS HUMANOS, JUSTICIA, TRABAJO, SALUD, ECOLOGIA, DERE
CHOS DEL NIÑO, DERECHOS DE LA MUJER, DERECHO A LA VIVIENDA
UNICA, DESFORESTACION, ANALFABETISMO, ARTE, CULTURA, PRESU
PUESTOS BELICOS, INMIGRANTES, REFUGIADOS, PUEBLOS ORIGINA
RIOS, SOLIDARIDAD, ETC. ETC. )

EL CICLO COLABORA CON LA FUNDA
CION GARRAGHAN, REFUGIO SOL DE NOCHE, HOGAR ENCUENTRO, HO
GAR CHICOS, HOGAR CRECER, CENTRO CULTURAL BODEGON - EX CASA
DEL MILITANTE POCHO LEPRATI, EN BARRIO LUDUEÑA - , L.A.L.C.E.C. ETC
ETC, Y, CON VARIOS HOGARES Y ESCUELAS HUMILDES Y CARENCIADAS


ORGANIZA Y COORDINA: LIC. BERNARDO CONDE NARVAEZ ELIA.

Enlace a El fisgón digital:


martes, 10 de julio de 2012

SANTOS Y DESACROSANTOS (Enrique M. Butti)
























SANTOS Y DESACROSANTOS, COLECCIÓN "NARRATIVAS CONTEMPORÁNEAS" (directoras, Gloria Lenardón y Marta Ortiz) para Editorial Fundación Ross, Rosario.

(Reseña por Lisy Smiles en Suplemento Señales, diario La Capital, Rosario, domingo 8 de julio de 2012)

Texto completo: 

IMÁGENES PAGANAS
 

(Por Lisy Smiles / La Capital).

En Santos y desacrosantos, Enrique Butti propone al lector adentrarse en un universo plagado de seres cuya existencia se debate entre lo sagrado y lo absolutamente terrenal.

Enrique Butti (Santa Fe, 1949) tenía en su escritorio de trabajo en el diario El Litoral un altar colmado de imágenes adorables. Quizá parte de esa historia integre algunos de los cuentos que el escritor y periodista santafesino ofrece en Santos y desacrosantos. Reunidos en dos grupos, los relatos invitan a una lectura pagana, donde lo celestial se mezcla con lo terrenal, como en cualquier altar cotidiano.
El primer conjunto de cuentos era hasta ahora inédito. Su título presta su nombre al libro. En la escritura de Butti es habitual encontrar cruces entre lo fantástico y lo real. Y los títulos que componen este grupo de relatos no están ajenos a ello. Y mucho menos los personajes que traccionan las historias. Son, sin dudas, habitantes del universo Butti, de sus altares.
Un niño deforme que se convierte en un avezado ladrón y es "salvado" por el amor, protagoniza "Senderito de piedras". Se trata de "una criatura que trepa como una lagartija o como una cucaracha cualquier altura y que como gato o rata se introduce por cualquier rendija o agujero". El niño es pobre, indigente, y a la vez es usado por mafiosos. Un senderito de piedras logra llevarlo hacia la luz.
En "Inmensa et innumerabilia" un escritor ahora de provincia tras un exilio decide salir a buscar a su fantasma y para eso retorna a Roma. Busca a su amigos, veinte años después, pensando que al verlos podrá delinear aquel que no logró ser. En el camino, la posibilidad de forzar un milagro lo torna al punto de partida, el proceso creativo.
En "Ramón, santo patrono de los vendedores al pie de la ruta", un ambiente cercano al neorrealismo permite a Butti construir un santo inocente, de la mano de la tristeza y la injusticia.
Más cerca del delirio, "La Santa de la Cocina" hace justicia con sandías, cerdos y múltiples vegentales gracias a otra de las características de la escritura de Butti, la ironía y el humor que quizá fueron disparadas por alguna imagen de una simple mujer perseguida por la inmensidad de la tarea gastronómica.
"La historia del reloj roto" torna sagrado el pasaje entre la niñez y la juventud. En el altar de Butti, sentir que se puede enfrentar a lo que se teme es clave para crecer.
Desde la soledad lacerante, al menos en lo que aparece en un primer momento, el narrador escribe a una nena muerta y milagrosa: "Y yo también, niña santa, yo, el incrédulo, recurro a tu espíritu, en quien no creo, para pedirte que aunque se una vez pueda tocar hasta el fondo de otro ser, no importa con qué resultado, con qué desilusión...". La posibilidad de ser otro para lograr existencia quiebra esa soledad.
En Solfeo, el grupo de cuentos editado en Méjico en 1993, ángeles y demonios se convocan en "Ciudad salva". Mientras, la muerte se pasea como un fantasma amoroso en "Su nombre dorado". Un encuentro inesperado obliga a un viaje al pasado en "Claroscuro" para descubrir un misterio. Y extraños niños que habitan una casona en decadencia revelan inquietudes insalvables.
Pero hay dos cuentos clave en este capítulo. "Opera Omnia en mil volúmenes" es como el contrato de lectura que propone Butti, donde su imaginación sobre quién puede leer da pistas sobre el ambiente literario. Y el otro, "Pastor de aguas", es un emblema, allí se muestra justamente con claridad el proyecto de escritura del autor donde en cada drama real lo sagrado o sobrenatural, aunque absolutamente pagano, es casi la única explicación.

CUENTOS
Santos y desacrosantos
de Enrique M. Butti. Fundación Ross, Rosario, 2012, 152 páginas, $65.

Enlace a la página web:

http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2012/7/edicion_181/contenidos/noticia_5120.html

viernes, 6 de julio de 2012

NORA HALL (*), POETA INVITADA



















Bordando el manto terrestre, Remedios Varo, 1961


POETAS DE ROSARIO, XXVII

en un interno

donde estés
recibirás la orden

otras
elegirán los adornos para
que te sientes sola en la sala
los colores
para bordar ceremonias ajenas
o pintar lo que nunca vas a conocer

a estos sitios
se ingresa para no esperar
mirar
más allá de los muros


donde estés
podrás ver
la ciudad ideal
mientras la peste y la peste se balancean
frente a la sala de las superioras muertas
imantadas al púrpura de las fuentes
a los cántaros
a las vasijas
a los altares
al color de los geranios
a los patios azules
a los arcos magenta
al agua que una piedra desvía
y a la que estanca camalotes

donde estés
sabrás
que los conventos familiares
no tienen geografía


festival

tramoyas de Aída
en la arena
como si fuera Egipto
y se armara sólo para el amor
o para la muerte

al sol
la piedra del imperio es escenografía
por el rojo de las sillas
los artefactos mueven
frisos y columnas hasta encontrar su puesto
afuera un gladiador apura el helado
antes de la  próxima excursión
de la próxima foto
antes de que los mármoles rosados se la  lleven
a visitar otros amores
eternamente fijos
en la instantánea de sus muertes



fiesta patria

¿y si vieran pasar bandadas de petirrojos?

¿y si estuvieran en verdad clamando por una lluvia
que los ahogue con trompetas de caracol?

¿y si cien pericos volando gritaran a coro:

¡dejen estas pirámides!?

¿y si todos ellos, vestidos de blanco
echados sobre los escalones
para que la energía se les cuele
en los cuerpos
ya repletos
pudieran oír que las serpientes
vienen por las piedras?

No sería este domingo



fotografía

Bastan dos días para que se abra
 y se cierre
la flor de un cactus

Pasó tantos  años preparando

un perfume
-las frutas para la mente
las flores para el corazón
el almizcle para que dure-

un maquillaje maníaco
ricamente enjoyado por el sol que la mata



y vos te preparás para fijarla
para que ella pose
y pase
su último día


(del libro inédito que parezcan sirenas)



C. S

En casa ajena
¿podría protestar?
¿o sentirme agraviada?
¿exigir un abrigo?
¿litigar?

No puedo hacerme cargo de los actos domésticos
o cuidar de la huerta
ni voy a tener tiempo de apreciar sus maderas
a la hora en que el sol golpea las ventanas

¿Voy a ocupar
a medias
una casa?
¿Un cuerpo
que resbale
en el sueño
y no me toque?
¿Un mundo apenas
habitable
que no turbe
el secreto?

Voy a necesitar cierta delicadeza
para el balance
de aquellos votos
que limpiarían de cangrejos
el mar que me rodea
un gesto tenue que dilate la saliva
o acaso uno notable
como poner mi firma
en los libros sagrados


(de Manual de agua, 2007)

 

(*) Nora Hall nació en Alcorta (Santa. Fe)
Es profesora en Castellano, Literatura y Latín.
Desde 1986 coordina un taller literario en Rosario.
Pertenece al comité editor de Papeles de Boulevard.
Obra publicada: Hasta pulverizarse los ojos (Libros de Tierra Firme, Bs.As, l990); Todo mal (Edit. Libros de Tierra Firme, Bs. As.,1996) por la que obtuvo  el Premio Povincial de Poesía “José Pedroni” (obra édita); Manual del Agua (Editorial Papeles de Boulevard, Rosario, 2007)

lunes, 2 de julio de 2012

Lecturas en Santa Fe y Paraná, 29 y 30 de junio

Salón Auditorio Hotel Los Silos
Dique I Puerto de Santa Fe
29/06/2012
Norma Segades Manias
Marta Ortiz, Verónica Capellino y Norma Segades Manias 

proa a Paraná 
El Coleguilla 
bar
Avda Ramírez2236
Paraná, Entre Ríos
30 /06/2012
Lectura en la isla

momentos