OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

miércoles, 29 de febrero de 2012

CUENTO


foto: Leyre L.G.

Pasaje al gris

Ni rastros, ni restos. Nada más que un vasto y sombrío letargo

Perla Suez

...Verano tardío, dejo último de sabor a vacaciones. Para Tatiana, dejo a nada. En todo caso sabor a verano rancio, a modorra y abatimiento como el que le agarra a Tito acompañado de un moroso frotarse pulguiento a cada rato en las paredes. Estampó un lamparón tornasolado a pocos centímetros del piso; Tito es un yorkshire-terrier, la antípoda de Ovidio, el siberiano de Germán.

...Tatiana se dice (se lo dice desde que noviembre filtró el primer rayo de luz cegadora), hay que oscurecer con un toldo la ventana; así la herida de la luz no le dibujará dos rayitas oblicuas con festón de pestañas donde habitualmente lleva un par de ojos grises. A media mañana el mundo se reduce a la porción de cemento calcinado que abarca la manzana céntrica donde vive. Los cuerpos sólidos hacen agua, los árboles son greda derretida. Ella también se reseca, harta de monotonía.

...Anoche soñó que caminaba por la rambla. El cielo lila se duplicaba en el agua quieta –flotaba lento un velero–; un disco de hojalata naranja subía enfrente, detrás del volumen sombreado que fija la isla.

Prende la tele, busca la voz de las noticias. Le agrega al mate unas gotas de la luna del sueño: cascaritas de naranja. Le gustaría una luna siempre así: desaforada y naranja, música deseada para la fecha que marca el almanaque: once de marzo, verano tardío, última chance.

Se sienta a la mesa, arrima el mate, el termo y la página blanca. Cuenta con poca cosa: un sueño y un personaje; no más que un guiño débil al fondo de un callejón oscuro. Le viene a la cabeza la retahíla de Germán esa mañana, él se había hecho un tajo al afeitarse: mi viejo no había día que no saliera a la calle sin un parche en la cara Tatiana; nos pasamos la vida repitiendo gestos, rezongaba, luchaba por detener la sangre con un trozo de algodón embebido en agua oxigenada. Y tiene razón Germán, la cascarita de naranja en el mate era un rito de mi madre, cada día, cada vez...

Tatiana se concentra, sacude el interior de cartón de Irene Lerner a ver si un movimiento un crujido de huesos le indica que en ella hay algo vivo… ¿Pero por qué esa mujer sale tan temprano y se encamina a la boca de subte si en Rosario no existen líneas de subterráneos?; y se pregunta: ¿importa? ¿acaso los personajes están obligados a vivir en la misma ciudad, no podría vivir en otra, Irene, donde sí hay subterráneos? Sustrae, agrega, permuta, se deja ir, pero nada parece real y el relato se estanca. La deja en suspenso a la mujer de cartón en un asiento del vagón número uno del lado de la ventanilla, siempre es más poético (había pensado subirla a un velero como el que vio en el sueño en medio del río, blanqueada su cara redonda a la luz de la luna; pero Irene es mujer urbana, le teme al río, así que se mueve en pleno día y confirma el viaje en subte...). Persiste el atasco mental. Más allá de la idea primaria de aniquilar la monotonía insípida de este verano deshilachado, de trocarla en un promisorio gris de invierno, Tatiana es tabla rasa.

El pasaje al gris –ella cree-, operaría como abrir primero una hoja y después otra de una ventana, ya entrada la noche, y advertir que la oscuridad se despeja y admite que unos dedos finos de uñas puntiagudas la rasguen como a papel de seda y abran un pasadizo a otra dimensión donde se podrá encontrar cualquier cosa; ¿cualquier cosa?, ¿también el gato de Cheshire?; el gato quizá no, pero sí los sueños del verano de Tatiana en lista de espera, un ramillete mustio dentro de un jarrón ámbar por ejemplo; y en estos cruces mentales andaba cuando el jarrón se le fue de las manos y se hizo trizas ―el canal de noticias disparaba esa cortina musical que anuncia “urgente”, “fuera de rutina”― y ella mecánicamente miró entonces la pantalla, algo monstruoso pasaba en Madrid y allí no era verano.“Atocha” leyó Tatiana, A-T-O-C-H-A, deletreó, y las letras dislocadas le sonaron a cháchara chirrido chasco chiquero cuando ella hubiera preferido escuchar chiste China chapoteo de dicha, chopos del camino blanco según Machado, y retuvo las letras rebeldes en la puntita de la lengua, rehizo y repitió “Atocha”, y quiso estar segura de haberla oído a esa palabra y visto escrita: y no hubo duda ATOCHA decía el cartel y la lente de la cámara viraba al cielo y se advertía el gris, cielo de invierno; amanecía plomo allá, demasiado gris y un pájaro surcaba el aire y se veía como una cuchilla negra. Camillas con heridos, hombres y mujeres cruzaban la pantalla, alguien recogía del suelo unas gafas trituradas, fragmentos en la ceniza. Una chica le decía a la periodista que la interrogaba: “la gente se ha empezado a poner caótica”, se le quebraba la voz, agregaba algo incoherente, no tenía consuelo.

El reloj de pared dio la una. Tatiana va y busca el filet de merluza que guardó en la heladera: eran dos, uno para Germán que no viene a comer; lástima, justo hoy y sentir que arrastra pesadas las chancletas, los pies hinchados y tanto querer abrazarse a alguien; abrazar a Tito, eso podría, y a Ovidio, a los dos. Lo calienta en el microondas al filet, corta unas rodajas de tomate sin apartarse del televisor aunque es cierto que ya no absorbe, no cuajan el atentado criminal y la intemperie de allá y el día caliginoso acá... Mal se funden las gotas de sangre con las gotas de luna naranja... En la pantalla los hierros retorcidos, la escoria. La merluza se enfría en el plato, el bocado no pasa. ¿Y en nombre de qué bandera, hijos de qué madre pudieron...? El bocado y la hipótesis intragable duelen porque se le cerró el conducto o porque el trozo de pescado es demasiado grande o porque en vez de un trozo de pescado traga lo que ve y es como querer tragar una papa entera caliente.

El llanto abre paso al dolor y el dolor al horror. Repentina, como si advirtiera el significado de un gesto mudo, Tatiana cree ver en los vagones incendiados una silueta familiar, presumiblemente la silueta de Irene Lerner, una nueva versión que, por lo que se ve, debe oler a pintura fresca, a pegamento. A grandes rasgos esta versión coincide con la misma indecisa mujer de los primeros párrafos, pero atrapada en el primer vagón. Los brazos fuertes de los voluntarios la rescatan de la chatarra del tren -porque viajaba en un interurbano-; va en camilla con marcas de sangre en la cara, perdió el bolso con los documentos. La llevan a un hospital y ella alcanza a dictarles un teléfono a los paramédicos: el de Joaquín, que le avisen a él que venga por ella. Por la pantalla Tatiana ve pasar a la misma periodista que grabó a la chica que dijo “la gente se ha empezado a poner caótica”; corría entre los escombros detrás de los camilleros, sin alcanzarlos.

Lejos del vértigo, el silencio huele a desinfectante. Irene no sabe cuánto tiempo lleva en una cama de hospital. Registra detalles: las paredes, el techo, pasos apagados. Un monitor delata el ritmo cardiaco irregular. Por una cánula translúcida, el suero gotea.

-Tuvo suerte –le dicen.

-¿Suerte?

-Sí, hija, suerte, agradezca, está viva...

-Verdad... pero, oiga...

La enfermera no la oye, tararea, se lleva la jarra vacía.

En el pecho de Irene late, ahora sí, ya no un músculo de cartón sino un núcleo vivo que bombea sangre roja y caliente mientras en la soledad tantea el gesto protector de Joaquín y no encuentra nada, nadie cerca...

Tatiana afloja, le duele la mano. Cuatro horas escribiendo de un tirón y es de las que prefieren el dibujo de la letra más allá de las utilidades del ordenador. Irene no sabe de la muerte de... Habrá que ver quién va a morir, ver y despejar. Se repone bajo el efecto de un sedante. Hay que dejarla. Dejar que los relatos también reposen, que los finales caigan por su propio peso. Frutas maduras

Anochecer de un día agitado. Pierden cuerpo el río, la ciudad. Hacia el este, el borde de la luna sube su color cítrico mezcla dulce de amarillo y ocre sobre la isla.

El día de Atocha ha sido día todo el tiempo; la mañana como un resplandor turbio quedó sellada en la memoria de todos. La información reitera, los relojes clavan las agujas, no se da entrada a la noche. Da miedo la oscuridad devastada.

Un viento súbito deja entrar una ráfaga. Tatiana cierra la ventana. El fresco del otoño, ya lo tenemos prácticamente encima, dice. Tito estira las orejas, aprueba.

por Marta Ortiz

domingo, 26 de febrero de 2012

And the Oscar goes to...



Short Film (Animated) /The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

Un corto animado bellísimo, sensible, sobre el libro y el lector- escritor, compartido en You Tube por sus autores
:
William Joyce y Brandon Oldenburg

domingo, 19 de febrero de 2012

Talleres Ópera Prima: Lectura y Escritura / Lectura Crítica

LECTURA Y ESCRITURA

Los lunes, de 18 a 20 hs, Librería Ross, Córdoba 1347
, Rosario
Inicio: lunes 5 de marzo

Orientado a desestructurar estereotipos y a la búsqueda de la voz propia y al aprendizaje de la corrección, el taller de escritura (que parte de la lectura) se construye como un espacio de producción y reflexión, preferentemente de discursos narrativos, lo que no excluye la reflexión sobre la poesía.

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado. (Marguerite Duras, “Escribir”)


LECTURA CRÍTICA:

Los miércoles, de 18 a 20 hs, Librería Ross, Córdoba 1347, Rosario
Inicio: miércoles 14 de marzo

La lectura es una felicidad que exige más inocencia y libertad que consideración. Una lectura atormentada, escrupulosa, una lectura que se lleve a cabo como los ritos de una ceremonia sagrada, pone en el libro, de antemano, los sellos del respeto que lo cierran pesadamente. El libro no está hecho para que lo respeten, la obra maestra más sublime siempre halla en el lector más humilde la medida justa que lo iguala a sí mismo. Pero, desde luego, la facilidad de la lectura no es en sí de fácil acceso. (Maurice Blanchot, El libro que vendrá )

Informes escribir a:

marmaralicia@yahoo.com.ar

Página del taller: LA TRAMA TEXTUAL DE ÓPERA PRIMA


sábado, 11 de febrero de 2012

MARÍA TERESA ANDRUETTO

Source: pikaland.com via Erna on Pinterest


ilustración: Renée Nault

OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS (*)


VIII

Árbol de la esperanza

Mantenme firme:

Sobre esta palabra que sostiene:

Mantenme firme.


IX

con un poco de fe, una se va sola

(preparo la huida y no sé

hacia dónde)

Algo nos distrae:

Hablamos

……………(¿o soy yo la que habla?)

de los bambúes al fondo de su casa

…………………..(ésta no es su casa)

de ese rincón del Ubajay

donde atardece como en este lugar

esta mañana.

Levantamos los vasos:

……………………una ceremonia

de olvido.

…………………………………..Anudo

mi palabra a la suya como un collar

de arena. Escribe, digo,

escribo.

Todavía.

Hablamos de su gata como un duende,

y de Violeta…

………………(está sentada frente al plato

…………………………………de comida)

yo le llevé jazmines

………………………………………yendo iba

……………………………descalza yendo iba

………………………pies de arenal cruzando

…………………………….desvaídos lilas iba.

…………………………………...Íbamos

pero la vida ha pasado

(aguantaderos

del vivir)

y dónde estás.

(en “Beatriz”, Argos, Córdoba, 2006)


***********

1

Esto es lo que queda

de un hombre que se muere:

un pincel y la mano agrietada

que sostiene el pardo, el rojo,

el amarillo... la mano que va,

que se desvela, desde el charco de luz

hacia la tela.


2

Lenta la pincelada oscura,

el hijo del molinero

tantea con ojos ciegos

la espesura

hasta dar con la luz.


5

Otros buscarán la nota pura,

la imagen que persiste, la tersura,

como buscan sus ojos en la tela

(es la mirada lo que abruma,

lo que desvela)


6

También yo persigo una palabra

oscura en los retratos de Saskia,

en la ternura de Hendrickje, en la viva

luz de Tito, y el aire de bondad,

la carnadura de un hombre

que se deshizo.


(de Autorretrato ante el caballete, en “Beatriz”, Argos, Córdoba, 2006)


************

Lunes


Los lunes mi padre llegaba tarde

Y traía chocolates amargos.

En la cama grande, mamá nos leía

La Cabaña del tío Tom.

A nosotras nos gustaban los lunes,

nos gustaba llorar por tristezas

de cuento, sufrir por los negros

mientras comíamos chocolates

Suchard.


Hamaca


Estoy en cama

(la enfermera

se llama Erminda)

Por la ventana que da al patio,

mi hermana pasa a bordo de una hamaca.

Pasan también las moras, el verano,

las chicharras. Ha de ser octubre,

como esta tarde, o tal vez noviembre,

y el calor agobia, porque mi padre

que llega del trabajo, se ha soltado,

cosa extraña, la corbata. Yo estoy

en cama. Y Ana que pasa alegre,

viva, a bordo de la hamaca.

Habrá sido de vidrio el aire,

como esta tarde.


Casa con palmeras


Junto a la casa vieja

con cenefas, hay dos palmeras

(y un senderito de piedras negras)

Bajo las plantas y los racimos

de flores blancas, dos niñas juegan

(al gallo ciego)

Después la madre

ofrece flores de calabaza,

semillas secas,

y las dos niñas

se van por el senderito

sin dejar huella.


(Kodak, Argos, Córdoba, 2001).


(*)María Teresa Andruetto (1954, Arroyo Cabral, Córdoba). Profesora y Licenciada en Letras (UNC). Publicó las novelas Tama (Alción 2003), Stefano (Sudamericana, 1998), Veladuras (Norma, 2005), La Mujer en Cuestión (DeBolsillo 2009) y Lengua Madre (Mondadori,2010), el libro de cuentos Todo Movimiento es Cacería ( Alción, 2002), los libros de poemas Palabras al rescoldo ( Argos, 1993), Pavese y otros poemas (Argos, 1998), Kodak (Argos, 2001), Beatriz ( Argos, 2005), Pavese/Kodak (Ediciones del dock, 2008), Sueño Americano (Caballo negro editora, 2009) y Tendedero (CILC, 2009), la obra de teatro Enero (Ferreyra editor, 2005) y numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (Sudamericana, 1993), Huellas en la arena (Sudamericana,1998), La mujer vampiro (Sudamericana, 2000), Benjamino (Sudamericana, 2003), Trenes (Alfaguara, 2007), El país de Juan (Anaya, 2003/Aique 2010), Campeón (Calibroscopio, 2009), El árbol de lilas (Comunicarte, 2006), Agua cero (Comunicarte, 2007) y El incendio (El Eclipse, 2008). Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros en colaboración, La escritura en el taller (Anaya, 2008) y El taller de escritura en la escuela (Comunicarte, 2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, 2009). Su obra está siendo traducida a varias lenguas. Obtuvo entre otras distinciones, Premio Novela del Fondo Nacional de las Artes, Lista de Honor de IBBY, Finalista Premio Clarín de Novela y Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura Infantil y Juvenil SM. A partir de su obra se han creado libros objeto, cortometrajes, espectáculos poético- musicales, coreografías, adaptaciones teatrales y otros. Narran sus cuentos narradores orales de España y Latinoamérica y sus libros son materia de estudio en universidades argentinas, americanas y europeas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

perlitas de Wislawa Szymborska en "el malpensante" Nro 126

Cómo escribir y cómo no escribir poesía

Una Premio Nobel te lo explica

En memoria de la poeta Wislawa Szymborska, quien murió el pasado primero de febrero, recordamos esta selección de cartas publicadas originalmente en el periódico polaco Vida Literaria, en las que la autora responde preguntas de personas interesadas en escribir versos.

Para leer el artículo completo, click aquí:

http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1985

tapa de la edición Nro 126

lunes, 6 de febrero de 2012

CHARLES DICKENS


Homenaje de Google, el doodle del 7 de febrero de 2012, bicentenario del nacimiento de Charles Dickens


viernes, 3 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska (1923-2012) II



Lo más complicado fue aprender su nombre, una combinación silábica estrambótica para una hispanohablante. Pero no fue difícil y sí adictivo entrar a la casa de su poesía. Maestra de poetas, modelo, construyó lo que yo llamo una Letra de Molde: leerla es incorporarla y no olvidarla jamás Amó los gatos y todo lo excepcional. En su poema Fin y principio dejó su receta: qué se debe hacer después de una guerra. Aprendió español con la idea de leer a Cervantes y opinó que se trata de un latín bellamente estropeado.
Elena Poniatowska (La Jornada, México), escribió: “Era una poeta cuya edición de diez mil ejemplares se agotaba en una semana y los polacos la sentían cercana. Salía a la calle con su sombrerito y decían: Allí va Wislawa. Escribía sobre ellos, sobre su vida cotidiana y su millón de risas, siempre cultivó el territorio familiar, lo que nos es común, lo que sucede de la mañana en la noche, lo que les pasa a los hombres y lo que resienten los árboles”:
Sobre W.S. en este blog:

Selección de poemas, tomadas de: El gran número Fin y principio y otros poemas, Hiperión, Madrid, 1997:

RETRATO DE MUJER
Debe ser a elección.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale un intento.
Sus ojos son, si cabe, una vez azules, otra vez grises,
negros, alegres, sin causa llenos de lágrimas.
Duerme con él como una cualquiera, única en el mundo.
Le parirá cuatro hijos, ningún hijo, uno.
Ingenua, mas la que mejor aconseja.
Débil, mas podrá con el peso.
No tiene cabeza, pues la tendrá.
Lee a Jaspers, y revistas de mujeres.
No sabe el porqué de este tornillo y construirá un puente.
Joven, como siempre joven, todavía joven.
Sostiene en sus manos un gorrión alirroto,
su propio dinero para un viaje largo y ajeno,
un mazo, una compresa y una copa de vodka.
¿A dónde corre? ¿no está cansada?
Que no, un poco, mucho, no pasa nada.
O le quiere o se empeña.
Por lo bueno, por lo malo y por el amor de Dios.
(de: El gran número, 1976, trad. de Elzbieta Borkiewicz)

DISCURSO EN EL DEPÓSITO DE OBJETOS PERDIDOS

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

(De "Si acaso" 1978
versión de Gerardo Beltrán)
ESTOY DEMASIADO CERCA PARA QUE ÉL SUEÑE CONMIGO
Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

(De Sal, 1962, trad. de Elzbieta Borkiewicz)

FIN Y PRINCIPIO

Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

(De "Fin y principio" 1993
trad. de Abel A. Murcia Soriano)
____________________________________________________-
"Poesía, papel y tijeras" (collages de una Premio Nobel)
En Babelia, El País, 5/12/2009:


http://www.elpais.com/fotogaleria/Poesia/papel/tijeras/collages/premio/Nobel/elpgal/20091205elpepucul_1/Zes/1