21 de marzo, DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA
jueves, 21 de marzo de 2013
PIER PAOLO PASOLINI (Bologna, 1922-Roma, 1975)
21 de marzo, DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA
miércoles, 6 de febrero de 2013
Odysseas Elytis
dos poemas de "El Monograma"
(trad. directa del griego: Nina Anghelidis)
Ediciones El tucán de Virginia, México, 2010)
II
Estoy de luto por el sol y por los años que vendrán
Sin nosotros y canto por aquellos que han pasado
Si todo eso fue verdad
Cuerpos en armonía y barcas que chocaron suavemente
Guitarras que titilaron bajo las aguas
Los "créeme" y los "no"
A veces en el aire, a veces en la música
Nuestras manos, dos pequeños animales,
Esperando subir furtivamente el uno sobre el otro
La maceta con la albahaca en las puertas abiertas
Y los trozos del mar que nos seguía
Por encima de las tapias, detrás de los cercos
Por la anémona que se posó sobre tu mano
Y por el malva que tembló tres veces tres días sobre las
cascadas
Si todo eso fue verdad yo canto
Por la viga de madera y el tapiz cuadrado
Por la Gorgona, en la pared, de suelta cabellera
Por el gato que nos miró en medio de la oscuridad
Niño con el incienso y la cruz bermeja
Cuando la noche cae sobre lo inaccesible de las rocas
Estoy de luto por la prenda que rocé y el mundo fue mío.
III
Así hablo de ti y de mí
Porque te amo y en el amor sé
Entrar como Plenilunio, por todas partes,
Y hallar tu pequeño pie bajo las inmensas sábanas
Sé deshojar jazmines -porque tengo la fuerza
De soplar y llevarte adormecida
A través de luminosos pasajes, secretas galerías marinas
Y árboles hechizados con telarañas plateadas
Las olas han oído hablar de ti
Cómo acaricias, cómo besas
Como susurras el "qué" y el "eh"
Alrededor de la garganta, de la bahía,
Siempre nosotros la luz y la sombra
Siempre tú la estrellita y siempre yo la nave oscura
Siempre tú el puerto y yo el fanal a la diestra
El muelle mojado y el brillo de los remos
En lo alto la casa con las enredaderas
Las rosas sujetadas, el aire que refresca
Siempre tú la estatua que crece y yo la sombra que crece.
Odysseas Elytis (Seudónimo de O. Alepoudelis; Iráklion, Creta, 1911 - Atenas, 1996) Poeta y ensayista griego, uno de los más representativos de la renovación de la lírica moderna en Grecia. Obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1979.
Entabló amistad con el mayor defensor griego del surrealismo, el poeta Andreas Embirikos. En 1935 publicó sus primeros poemas en la revista Nea Ghrammata (Nuevas Cartas) y participó en la primera exhibición internacional surrealista organizada en Atenas ese año. Más tarde publicó en la revista Makedhonikes Iméres (Días Macedonios) una colección de poemas llamados Orientaciones (1939). La hora de los Desconocidos (1939) y El Sol el Primero (1943) son otros de sus libros de poemas
jueves, 6 de octubre de 2011
Tomas Tranströmer (Estocolmo, Suecia, 1931)
Un poema no es otra cosa que un sueño que yo realizo en la vigilia. El sueño y el poema vienen de la misma persona. Tienen algunas leyes compartidas. Tengo una relación de mucho amor con el sueño. Me voy a la cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi siempre una desilusión.
del diálogo de Tomas Tranströmer con el poeta español Juan Antonio González Iglesia en El país, Madrid:
Después de una larga sequía
Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas.
La lluvia se desliza desde el cielo
y en calma aterriza
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme.
Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada
y es la única superficie que hay
-lo otro es altura y profundidad,
ascender y hundirse.
Dos troncos de abeto
emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor.
Lejos están las ciudades y el sol.
El trueno está en la hierba alta.
Es posible llamar a la isla de los espejismos.
Es posible oír esa voz gris.
Para el rayo, el hierro es miel.
Uno puede vivir con su código.
(de La barrera de la verdad, 1978)
Siesta
Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...
La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.
Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla
los palpitantes puños de la eternidad cautiva.
El águila sube y sube sobre los que duermen.
Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.
Pasos del caballo con la venda en los ojos.
Los palpitantes puños de la eternidad cautiva.
Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.
El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.
Y resonando en el tiempo —como el ataúd de Lázaro—
el ombligo que late, de la eternidad cautiva.
Respuesta a una carta
En el último cajón del escritorio encuentro una carta que llegó por primera vez hace veintiséis años. Una carta aterrada que aún ahora, al llegar por segunda vez, respira.
Una casa tiene cinco ventanas: a través de cuatro de ellas el día brilla claro y tranquilo. La quinta da a un cielo negro, relámpagos y tormenta. Yo estoy en la quinta ventana. La carta.
A veces, se ensancha un precipicio entre el martes y el miércoles, pero en un instante pueden transcurrir veintiséis años. El tiempo no es una línea recta sino más bien un laberinto, y si uno se acuesta contra la pared en el lugar adecuado puede oír los pasos apurados y las voces, uno puede oírse a sí mismo transitar allí, del otro lado.
¿Tuvo esta carta alguna vez respuesta? No lo recuerdo, fue hace tiempo. Los incontables umbrales del mar continuaron pasando. El corazón continuó dando sus brincos segundo a segundo, como el sapo en la hierba húmeda de la noche de agosto.
Las cartas no contestadas se hacinan en lo alto, como nubes cirrostratos que anuncian mal tiempo. Ellas debilitan los rayos solares. Un día contestaré. El día en que esté muerto y por fin pueda concentrarme. O por lo menos esté tan lejos de aquí como para que pueda volver a encontrarme. Cuando vaya, recién llegado a la gran ciudad, por la calle 125, en el viento de la calle de las basuras danzantes. Yo, que amo el deambular y el desaparecer en la multitud, una letra T en la interminable masa del texto.


