OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

jueves, 10 de febrero de 2022

LO HABITUAL, Diego Suárez



Algunas impresiones acerca de Lo habitual 

(Diego Suárez, editorial De l’aire,Santa Fe, 2021)


·         En su poemario Lo habitual (De l'Aire Editorial, 2021) Diego Suárez recrea cuanto podríamos ligar a a costumbre, lo que crea hábito, lo mecánico, el marco del día, aquello que a fuerza de repetición cristaliza en rutina. Ceremonia, ritual, pauta, horario fijo, trivialidades de toda laya, vagas fórmulas de cortesía, las que decimos sin pensar lo que decimos y las que también decimos, a sabiendas de que se trata de una frase vacía. Páginas que, en ocasiones, dialogan con cuentos, poemas. canciones y frases leídas cuya procedencia se refiere en una “Nota” aclaratoria en las páginas finales.

 ·         En la repetición de las conversaciones (“Rompecabezas”), en los gestos comunes, pautados según los momentos del día, el tiempo se relativiza y los cuerpos también. La tarea diaria es una suerte de erosión de cuerpo y mente lijada por rituales tan básicos como agotadores: “Al final del día somos / el achatamiento de las cosas, / dos láminas que casi no respiran / adheridas al segundo piso”.

 ·         A partir de epígrafes relacionados, de Jarry, M. T. Andruetto, Oscar H. Villordo, Marechal, B. Fernández Moreno y Liliana Ancalao entre otras voces, se despliega un variopinto conjunto de poemas que indagan en la rutina diaria por excelencia, la que implica el uso del colectivo, ómnibus, bondi, el viaje nuestro de cada día ("Todos somos pasajeros"), teatro donde se desarrolla buena parte de la comedia humana. Un servicio capaz de diluir diferencias. Parafraseando a Marechal, “una coctelera, de cuyo zarandeo nace un copetín democrático”. Por igual en tono de elogio o de reproche, se lo nombra “fiera urbana”, no exento de nostalgia (el paso del tiempo perdió en el camino los fileteados decorativos, el boleto capicúa, el volante de nácar) y un fino humor irónico, otro rasgo distintivo de la poesía de Diego.

 ·         La sensibilidad del poeta capta cuanto se cristaliza y crea costumbre, el tiempo inaudito que se va en rituales, la vida lisa sin ripio, sin montaña, sin desafío.

Pero hay más, no se trata solo de una galería de gestos repetitivos. Se trata de que por el tamiz de lo habitual pasa nada menos que nuestra vida, con todos sus matices, lo trivial y lo medular haciendo equilibrio en el marco de lo cotidiano, marco contenedor en medio del caos.

No todo es repetición, no todo es esperable, existe también, visible y audible al ojo poético, una línea de fuga, de asombro, una constante que en este libro se repite casi tanto como los gestos de la rutina: el canto de los pájaros y/o el silbido del viento. Siempre una suerte de música capaz de mover el mundo, de alivianar monotonías, el trino de un pájaro ayuda a resolver conflictos, despierta de la siesta de quince minutos (que aporta, entre otros milagros, la contrapartida de un sueño de gloria literaria), pájaros que inventan el día desde la ventana de un hotel. Pareciera que, dentro de una vida moldeada, ese canto espontáneo, aleatorio, evapora la sensación de estar presos en un marco de referencia, abre la puerta a la libertad: “…comprendimos / que las ramas de los árboles son / las cuerdas vocales del viento”; “Por las mañanas, un piquete canoro / se manifestaba en nuestra ventana: / horneros inventando el día”; “a pesar de todo sonrío / mientras me despierta el trino / de un pájaro invisible”.


viernes, 21 de enero de 2022

EL CORAZÓN DEL DAÑO, María Negroni

 


Mini- notas acerca de El corazón del daño

 (María Negroni, Random House, 2021)


 por Marta Ortiz


·          Escribe su autora en la Advertencia inicial: “Más probable es que la vida y la literatura, siendo ambas insuficientes, alumbren a veces –como una linterna mágica‒ la textura y el espesor de las cosas, la asombrada complejidad que somos”.


      El corazón del daño es un libro inclasificable que “dice lo que dice y además más y otra cosa” (no se me ocurre una frase más gráfica que esta de Pizarnik sobre el valor polisémico de la palabra, para expresar la multiplicidad de efectos de sentido que despierta su lectura). Hay algo de réquiem o de suma de cuestionamientos post mortem o de descargo emocional, los tres formatos y sus quiebres caben. Y en paralelo, el dibujo de un recorrido literario personal y galería de autores leídos a través de sus citas.


       Decir para comprender. Las palabras conllevan en su núcleo un dolor antiguo, una herida que no cesa de supurar. Nada puede mitigarla, solo a medias, la escritura. “A lo mejor los libros son también eso; un viaje a la transparencia”; “Los libros son la música de un saber que se ignora”


       El universo que se recrea obedece a sus propias reglas, como una fruta que brilla en el centro del lenguaje y de la cual solo podemos absorber los reflejos. Reflejos que admiten la duda, la probable aserción y también su negación. Acaso los enunciados que aportan una luz más potente a este (bello y triste a la vez) texto equilibrista entre ficción y experiencia, sean los siguientes:

                                    “Tanto esfuerzo para llegar a esto.

                                      Tanto renglón ingenioso y ninguna caricia.

                                      Me estoy haciendo añicos melodiosamente”.


·       A medida que avanzamos en la lectura, lo leído se transforma en una experiencia intransferible en la que es posible saborear el plus de una sintaxis depurada y exquisita  ‒marca registrada de María Negroni‒, y una cadencia única en la voz que narra. Escrito con y desde el corazón ‒“Se oyó latir un corazón en la coraza”‒, el gran protagonista es el lenguaje: “… eso interno, desafinado y díscolo, que se esconde siempre en la lengua materna, irreconocible de tan verdadero”.

  

 

domingo, 26 de septiembre de 2021

FUERA DE FOCO, por Imelda Ferrero

 


A dos años de la presentación de Fuera de  foco (27 de septiembre de 2019) en el Complejo Cultural Atlas (Rosario), y a modo de celebración, copio aquí y agradezco infinitamente a Imelda Ferrero, su fino enhebrado de palabras acerca de mi  poemario .


FUERA DE FOCO


(Marta Ortiz, Alción Editora, Córdoba 2019)


por Imelda Ferrero 


Una epifanía nos anunciará su escritura en el epígrafe. “En ilación de la ausencia”, las citas de las poetas Irma Peirano y Marina Tsvetaieva se unen, se reúnen en una despedida nívea. Se erigen en laberinto sin sombra, sin sonidos, sin luz ante una muerte próxima. Sin embargo “veníamos de ese tiempo mágico/ anterior a los vidrios triturados” pero“no alcanza a calentar el sol”. Palabras que vagan sin encontrar el sentido en las voces, aunque “una nueva piel/ quedó al descubierto”.

Los relojes, “un Breitling”, no funcionan en “el sueño de la muerte” ya que todos los tiempos se desvanecen en el “fuera de foco” de los espacios, donde se rescata una coronita de novia.

En la “Caja de resonancia” sus muertos se desordenan desde la figura patena (“mi padre fue pionero en desgajarse del tapiz familiar”), las amistades, la imagen materna encarnada en un quinoto, los juegos infantiles (“Figuritas”), los viajes retenidos en una foto. Mientras en la ciudad circulan ruidosos skaters, urge “…fundar nuevos recuerdos”.

Y así retornan los muertos vivos de nuestro mundo, los migrantes y los habitantes sin abrigo en nuestras veredas con “La manta de colores”. Y como “El tiempo soñado teje caldos raros”, retornan los ruidos urbanos con los sonidos de los pájaros en ese instante intermitente que interrumpe nuestra nostalgia mañanera en tanto la lectura bíblica acude a un vacío casi eterno, pues “un bosque sin emociones/ es un bosque sin lobo feroz.”

En la contemplación de un estadio o en la caminata de un dédalo griego, la orfandad infantil se ubica en tiempos góticos que no abren la puerta para ir a jugar. Un interrogante: “¿Qué número de círculo cierra este infierno?” sobrevuela la Ciudad Blanca y se asevera que ahí lo onírico reina.

Por último, en “Lecturas”, se evocan en el río o en la luz los versos de Alfonsina entre un viaje mítico o una muerte con Circe. Como la siniestra claraboya de Silvina Ocampo custodia “el río revuelto de la sangre familiar”, la palabra poética de Marta Ortiz tras una “manía bibliográfica”, se fusiona con Djuna Barnes en: “la vida, el permiso para conocer a la muerte.






viernes, 9 de julio de 2021

RESEÑA A MI POEMARIO "FUERA DE FOCO" EN REVISTA CONFLUENCIA (PRIMAVERA 2021), POR IRMA VEROLÍN


Publicación del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Colorado (USA)

TEXTO COMPLETO:

La belleza de lo que pide ser revelado


Irma Verolín


Escritora Independiente


Marta Ortiz: Fuera de foco. Córdoba, Argentina: Alción Editora, 2019. 103 pp. ISBN
978-987-646-830-5.


Estos poemas repartidos en cuatro secciones dentro del libro se ocupan de lo cotidiano: el simple acto de rallar una zanahoria, la irrupción de lluvia descontrolada, la vida en un geriátrico, un arroyo, figuritas infantiles, las intrincadas y sugestivas peripecias de los sueños nocturnos, la belleza de un quinoto, sonidos de patinetas en medio del silencio de la madrugada, así como de lo menos tangible: la pérdida del amor o el deleitable acto de leer y el de escribir en su carácter de tarea especular.

   En el texto inicial que abre el volumen con el título “Profecía” aparece ya un definitivo indicio: lo que se encuentra allí adelante resulta inaprensible. En la literatura de Marta Ortiz este rasgo no es sorprendente, ya que existe una correlación entre su mundo narrativo y su producción poética, emparentados ambos por la búsqueda de una mirada que encuentra misterio en el mundo, la riqueza de lo variado, causas de fascinada indagación que suelen dejar flotando lo aprehendido. Ese rico espacio exterior que es motivo de la captación y de la atención poética se muestra como un ámbito cautivador y atrapante. Luego, en el primer tramo que agrupa los poemas bajo el título de “Ilación de la ausencia”, surge una ausencia cargada de presencia. El proceso de duelar al ser querido supone, inevitablemente, la reaparición de lo que ya no está: lo poseído es lo mismo que aquello de lo que se carece, de manera que nos topamos con una ambigüedad, una incerteza, un área fronteriza. En el poema que abre el libro surge una imagen vibrante: las dos caras de una moneda. Derecho y revés en tensa oposición, lo muy visible y lo que se encuentra entre bastidores oscilando en su intermitente aparición. A partir de a aquí ya está trazado el rumbo estético de este conjunto de poemas.

  Apenas se ingresa en Fuera de foco puede observarse que estamos frente a una poesía que valoriza lo rítmico y la experiencia perceptiva. Musicalidad e imagen ensambladas en un movimiento que no admite notorias disonancias. Aún así el ritmo suele apoyarse en lo entrecortado, cuya función consiste en enfatizar, entre otras características, el recorrido de la mirada y el contraste necesario que algunas temáticas plantean. Una poesía que da la sensación de introducirse en el interior de las cosas y los seres para  desentrañar sus secretos y, desde ese hondo interior, rescatar el detalle sutil de lo que, escondido, relumbra. Una poesía que expresa el panorama de lo indecible, acaso de lo más indecible, lo oculto, lo que pide ser revelado. Ese aspecto del mundo secreto que sobrevuela en los poemas de este libro desgrana sus sutilezas y vuelve a replegarse. La voz que va hilvanando estos versos dala impresión de extraer el punto nodal de lo más preciado para dejarlo allí, encapsulado, ante la vista de todos. Podría afirmarse que se trata de una poesía de la belleza de lo oculto que produce el desocultamiento en detallado y cuidadoso proceso. Hay un detenimiento en el detalle que logra alcanzar un toque de epifanía, de aparición momentánea y fugaz. Y la fugacidad da lugar a la pérdida en la que con cierta frecuencia el sujeto se abisma o trastabilla.

    A medida que se avanza en la lectura de Fuera de foco se hace necesario plantearse la relación que la poesía de Marta Ortiz ha establecido con un silencio que desnuda los matices de su voz. Cada verso va recorriendo el borde del silencio y ya sabemos que el silencio es ese lugar privilegiado que potencia el alcance de cualquier enunciado, sin duda para el género poético es el germen donde quedaron encerrados los grandes interrogantes. Al jugar por los bordes, haciendo que la palabra se sitúe también en ese límite, gracias a la necesaria ambigüedad se acentúa su poder de evocación y, al mismo tiempo, se enriquece la mirada. Desde el silencio que enmarca los poemas nace el rescate de lo focalizado mediante un trabajo de filigrana y aguda observación. El acto de dilucidar lo escondido se presenta como un proceso continuo que eleva la mirada del sujeto de la enunciación y a la vez habla de su condición de testigo y de su capacidad de descubrimiento, poniendo de manifiesto un mundo enjoyado que alguna vez se replegó para que ahora, con un gesto casi ceremonial, se realice el camino inverso y se despliegue. No casualmente el título del poemario Fuera de foco nos remite al ejercicio de mirar, en este caso haciéndolo de un modo desenfocado, como si el minucioso trabajo residiera en realizar un corte transversal para escapar de la rutina de la observación automatizada. Se hace necesario recordar el precepto de los formalistas rusos de principios de siglo XX que proponían la desautomatización de la
percepción como premisa básica ante el inicio creativo de una obra artística. El acto de mirar en el contexto de la obra de Ortiz es una práctica arriesgada que puede conducir al quiebre del sujeto, atravesado por su estar en el mundo, porque aquello que es mirado moviliza toda la afectividad del ser en su condición de vulnerable humanidad. Lo que se desencaja aquí abre la posibilidad de ver como un vidente a la manera de Rimbaud, un vidente que rompe esquemas y modelos prefijados. Quizá por tal motivo muchos poemas dan la sensación de que la mirada no se desliza desde afuera hacia adentro sino al revés, que el punto focal se sitúa en el interior de lo observado y se desplaza hacia un afuera como se evidencia claramente en el poema “Ralla la zanahoria” (pag. 57).
    Las cuatro partes en que está dividido el volumen intentan ordenar lo inasible de ese desmenuzamiento del mundo y organizan así un microcosmos en el que la ausencia del ser amado abarca la primera mirada con un alto grado de intensidad lírica y conduce a la reflexión o eleva el nivel de comprensión: “entendí/ que la fuerza de tu sonrisa/ venía de las astillas perdidas/ de la inmortalidad” (pag 16). En la segunda parte se reúne una serie de misceláneas donde los espacios parecen ocupar el primer plano. En la tercera hay un predomino de la temporalidad, cierto rasgo onírico y en el último, tal como su nombre lo indica, impera lo dialógico, de esta forma la culminación del entrañable recorrido de la mirada se vuelve sobre otras escrituras literarias con el mismo fervor con que antes se buceó
en la propia interioridad o se desplazó el punto de atención hacia el afuera. Las palabras claves para abordar la poesía de Marta Ortiz podrían ser ambigüedad, intensidad e inasible. Este nuevo libro se suma al trayecto iniciado con Diario de la plaza y otros desvíos y Casa de viento para seguir delineando un compacto y sugestivo universo poético.



 
















domingo, 30 de mayo de 2021

AÑO 2020 1er FESTIVAL VIRTUEL DE POÉSIE FRANCO-ARGENTINE /1° FESTIVAL VIRTUAL DE POESÍA FRANCO ARGENTINA (Junio 2020)

Reproduzco acá, a un año del 1er Festival Virtuel de Poésie Franco-Argentine ABRA PAMPA Éditions / 1° Festival Virtual de Poesía Franco-Argentina ABRA PAMPA Éditions, un enlace a mi participación.



El festival, celebrado en plena pandemia contó durante catorce días, desde el 1 de Junio de 2020 con la presentación diaria en doble emisión, de poetas.de Francia y Argentina. 
Jour 7 - Día 7 Marta OrtizIllustrations - Ilustraciones : Danielle Loisel 

Enlace a mi participación en la página de Facebook del festival: 
https://fb.watch/5PL4NTpE6g/ 





domingo, 14 de marzo de 2021

SOLTAR LA CASA, de Lidia Rocha (anotaciones a partir de la lectura)


 

Notas a la lectura de Soltar la casa

(Lidia Rocha, Soltar la casa -La mariposa y la iguana, Buenos Aires, 2020-)

©Marta Ortiz   

      El patio, reducto elegido de la infancia, es sinónimo de magia, esparcimiento y libertad. Vale arriesgarse a saltar por la ventana “como si un hada/ esperase en el patio/ donde un caballo duerme”, dice el poema.  A la vez habitado y vacío, la memoria lo visita de noche. Soportó aguaceros, sequías “mapas de barro seco / donde antes hubo renacuajos”, viento. Allí nació y se guardó la impronta del arte: “por el patio que fue una vez /comencé la pintura”. 

      Arrasado por acción del tiempo, aún resplandece. Los ojos de la poeta permiten revisitarlo con ojos de niña: “ella sigue mirando por mis ojos /me retiene/ en la pura expectativa.” Ambas, indisolublemente enredadas al árbol futuro.

      Una y dos, como en un paso de baile, remite al va y viene de un ser desdoblado. El poema dice: “le pido perdón a la tarde / porque me demoré / en la raíz del tiempo”, versos que podrían oficiar de prólogo o epígrafe general.

   Desdoblamiento, ser dos y una, demorarse en el tiempo primigenio mientras se habita el actual. La síntesis cabe en bellísimo vocablo que la poeta toma prestado del japonés: komorebi: (la luz que se filtra a través de las ramas de los árboles y la sombra que al mismo tiempo se proyecta). Juego de correspondencias entre aquella raíz temporal y el tiempo transcurrido. La poeta sabe que todo no es recuperable, hay puntos perdidos en el camino, aunque algún “pespunte de sol” pueda rescatarse. Asumirse como proyección de la que fue en el origen: “un corazón que replica/las intermitencias de la luz”. Pero, ¿cuántas vidas pueden caber en una vida?

    Arena (ultima parte) esboza una respuesta. Las dunas cambian de forma, como muchas vidas caben en una vida aunque estas páginas acaben cuestionando la recurrencia al pasado: “quizás no haya lugar/ para la arqueología / sino para que espese la palabra / y haga salir la voz / de su escondrijo”. El pensamiento viaja entre la noche que inventa monstruos y la luz que emite la infancia, cuyo brillo atrae con intensidad. El tironeo constante (vaivén) desgasta, abona la idea de abandonar aquel recinto (paraíso perdido): “¡Tiene tanta fuerza / el apego / a ese país imaginario!”.  

     El planteo deviene otro, lo entrevisto brilla tanto como aquel patio que se visita de noche: tal vez sea hora de soltar la casa de la infancia, hacerle espacio a la casa de la poesía, habitar la permanencia de la voz, del canto: “el pájaro / regresa a su nido en mí”. Hora del rescate, de recibir y asumir el don: “todavía veo sus alas más allá de los truenos / su azul deshecho a la hora de la estrella”.

  Soltar la casa, poemario articulado en tres partes como tres momentos o capas de pensamiento que interpelan y entrecruzan la temática referida, involucra al lector en la experiencia que de uno u otro modo todos hemos o habremos de vivir: la casa (espacio-tiempo) que nos ha cobijado en el origen, a medida que crecemos sobrevive en nuestra ensoñación, en el hilo invisible que nos conecta a la infancia. Asumir la madurez implica soltar para permitir que se acomode y expanda lo que vendrá.

    Un libro donde es posible rastrear sutiles correspondencias entre palabras, saltar de un poema a otro y encontrar y unir retazos del viaje interior que impulsó la escritura de este luminoso conjunto de poesías de Lidia Rocha.








viernes, 12 de marzo de 2021

TALLERES ÓPERA PRIMA 2021 (temporada XIX)

 


“Se puede hablar de un mal del escribir.  No es sencillo lo que intento decir, pero creo que es algo en lo que podemos coincidir, camaradas de todo el mundo. Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir, Al contrario.” 
(Marguerite Duras, en Escribir)

Cada libro —novela, cuento, poema— contiene, con mayor o menor felicidad, una lectura del mundo, y leer lo que fue escrito es ingresar al registro de la memoria de una sociedad, a lo que esa sociedad considera (y esto no es orégano sino un verdadero campo de batalla) por alguna razón, perdurable; es entrar a ese inmenso tapiz tejido bajo distintas circunstancias por tantos seres, a lo largo del tiempo.
(María Teresa Andruetto en La lectura, otra revolución)

Leer es, en un sentido amplio, develar un secreto. El secreto puede estar cifrado en imágenes, en palabras, en trozos privilegiados de ese continuum que llamamos “realidad”. Se lee cuando se develan los signos, los símbolos, los indicios. Cuando se alcanza el sentido, que no está hecho sólo de los significados de los signos sino que los engloba y los trasciende.
(Graciela Montes, en La frontera indómita)