OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

lunes, 30 de mayo de 2016

RESEÑA A "CASA DE VIENTO" EN REVISTA ÓMNIBUS Nro. 52, POR LIDIA ROCHA


Marta Ortiz, Casa de viento, (Alción Editora, Córdoba 2015)

"Trazos sobre la pared del viento", por Lidia Rocha 

en la sección Artículos críticos, edición Nro 52 -año XII, abril de 2016-, revista Ómnibus (Madrid, La Mirada Malva). 

Enlace: 


http://www.omni-bus.com/n52/sites.google.com/site/omnibusn52/literatura/casa-de-viento.html

 

Texto completo:

Trazos sobre la pared del viento 

(Alción editora, Córdoba, Argentina, 2015)

Por Lidia Rocha
Profesora en Letras y poeta argentina




“Un libro es una casa de viento”, dice Marta Ortiz. Y aún sabiéndolo se dispone a llevar ese aire en movimiento a las bibliotecas ajenas,  a dejar que el pensamiento se haga sólido, a permitir que su palabra viaje.

Nos lega así un poemario que es uno y varios a la vez, desde el primero, Casa de viento, que da título al conjunto, hasta Condensados, que lo cierra, pasando por sumidero (entran a la casa los vientos más soeces) y clausura, donde la invitada feroz es la muerte: …ceñido el moño a la mujer translúcida/que llevo cosida a mi espalda. No camina sola, quien dialoga con la versión invisible de aquellos con quienes ha amado.

La casa es el anhelo del hogar y el recuerdo del hogar. Lo que se desvanece y lo que perdura. Lo que ya está en la casa y lo que se caza. Marta se balancea en esta dialéctica  fundada en el oxímoron porque la casa permanece mientras que el viento disgrega, y ambos son transitorios en su devenir.

Rota la cinta elástica/ partió en dos/ -la persiana-/ los dominios/ el adentro y el afuera/ el aire y el des-aire. Juego de contrastes entre la naturaleza y el pensamiento, el adentro y el afuera, el pasado y el presente, los vivos y los muertos, aquí es posible que el canto de la madre se oiga, un milagro capaz de traspasar la delgada membrana que separa los mundos. Porque hay una caja de tiempo que marcha en contra de la otra casa, la de los relojes, la que decreta el límite con su naipe fatídico.

La casa paterna se obstina en su presente, aunque la desmemoria le vaya comiendo vidrios, cortinas, sonido de pedales. La memoria pretende atraparlos, es la caja de tiempo que preserva el antiguo patio, la bisagra desaceitada. Recupera lo que puede –retazos, imágenes dispersas-  y la palabra la ayuda en su trabajo perpetuo: No se vuelve/ de la lámpara quemada colgando del techo/que nadie cambiará/de la bisagra desaceitada y la respiración arrítmica, porque –como dice William Goyen, “Nunca nos recuperamos de nuestro lugar de origen”. Eso es la infancia: no se vuelve, pero irse es imposible, como en una cinta de Moebius.

Y la otra casa, la de las palabras, se guarece en la tinta, el papel, el cartón de las tapas, el anaquel, la biblioteca, que también son cobijos a merced del viento. ¿Cuándo volveremos a tocar algún libro? ¿Cuándo habrá sido o será la última vez que pasemos los ojos sobre ese párrafo? Todo libro es un libro de arena, una casa en la pared del viento: la biblioteca es un desierto/ duna de papel toda escritura/ página errante/ que no volvemos a encontrar. Y no obstante existe una página de donde no se vuelve.

En ese amor por la literatura, es fácil confundir la perspectiva: cruje a seda sonora la garganta del pájaro (…) / -¿Canta un ruiseñor?/ (he leído el cuento de Andersen)/ -Una alondra –corrige mi padre/ (No conozco la especie/ No leí aún Romeo y Julieta).

Marta ha tejido una casa de viento como si las palabras fuesen inasibles y poderosas. Así el lenguaje construye una morada evidentemente transitoria. Y, de todos modos, único hogar. A sabiendas de que lo escrito es un trazo sobre la pared del viento, la poeta se obstina en decir, en agregar espesor a la casa, sentido a las cosas. Es su manera de estar en el mundo, de abrazarlo antes del desamparo. Habitantes de lo precario nuestra vida es sólo el antes, el antes de la trampa / camuflada en la línea del tiempo. Así en un pequeña escultura de cerámica madre e hija están aún unidas en el abrazo primigenio: precoces cintas de Moebius / tus brazos / mis brazos/ conjuran esmaltados / los mutuos futuros desamparos.

Y el mundo, el afuera, puede ser despiadado. A esa conmoción le dedica un lugar en su casa de viento. La llama sumidero, porque habla del horror: un terremoto en Chile, dos niñas muertas Mosameet Hena, que murió a latigazos y Anusha, quemada con ácido por sus propios padres.

Y el mundo, el de adentro, no siempre es gentil, hay abrazos rotos, manos que se alejan. Así y todo la poeta urde metáforas desde el jardín con un vaho picante a cardamomo/ jengibre/ motas de canela / pétalos de rosa. ¿Por qué no sería posible renacer si la física dice que “existen diez dimensiones / quien sabe si no once”? Así como el tronco exhausto del viejo paraíso / ha dado flores violetas. Ella quiere reverdecer cada historia, cada ser. Seguir la voz de su hermana, pidiéndole no permitas que tu jardín se seque, y entonces recuperar las rositas rococó/ la mata de lavandas/ los agapantos/ el malvón.

Tal es nuestra naturaleza, habría que dejarse ir por la corriente/la lucidez del agua que no cesa, escurrirse. Después de todo nada detendrá el Simurg/ reunido/ en la acústica espesura / hasta secar el otoño / hasta partir el invierno.

Quizás el secreto resida en preservar la duna/ su color y consistencia/ el mar / la montaña/   subirlos al poema, insistir en el deseo pánico de totalidad y finalmente unirnos a todo lo que existe.
 



http://www.omni-bus.com/n52/sites.google.com/site/omnibusn52/literatura/casa-de-viento.html






domingo, 3 de abril de 2016

SERGIO KISIELEVSKY (*) Nunca te hablé con palabras


 (Babel Editorial, Córdoba, 2015)



   “Nunca te hablé con palabras”, último poemario publicado de Sergio Kisielevsky se construye a partir de evocaciones o memorias que recuperan figuras entrañables para los afectos del poeta: el padre, el amor perdido, espacios concretos de algunas ciudades, la casi omnipresencia del mar, los sueños, que recortan un costado surreal a los restos de la vigilia (“Hoy saldré con Scarlett Johansen”;"Papá estaba con su boina azul, su girar en torno mío").
     Los veintiséis poemas apelan a un formato de corte narrativo, sembrado de imágenes en  palabras que se deslizan tersas, delicadas. Palabras que recrean las vivencias que la memoria recupera eludiendo deliberadamente un orden temporal o lineal, como recién salidas del caos; palabras que celebran la belleza, la mirada, los ojos amados que abren/ abrieron puertas (“Las abrís con tus ojos de belleza sin fin”). 
  Hay un OTRO receptor, un tú con quien se comparte a partir del puente que tienden esas palabras nunca dichas (Nunca te hablé con palabras), pero sí escritas, resguardadas en el cuerpo, y ahora en el papel.    

 ©Marta Ortiz


Dos poemas:

III

Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
Y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío

En el reservado del bar te encuentro
Es un armiño con el ruido del tren
Que pasa entre nosotros como un fantasma griego

Tenés un duende en el paladar
Te subís a la taza, girás, olés al día,
Vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
Y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero.
Sólo un trozo de aire en el Abasto
Que gira hacia el mundo de los hoteles
Que nada alumbran
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina
Silbás a rabiar
Y no hay quien lo detenga
No es el Parque Chacabuco
No es Alchurrón tocando la guitarra en las peñas del 79
No es la tarde donde jugaban con Laura
(“Le pedí tanto a Dios que viniera”)
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la calle llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía
Veranito a las diez de la noche
Tu corazón es un idioma con arco y flecha

Nada se balancea más que tu pie descalzo

Sos un deleite intratable
Que ejerce su pasión por las brasas
Por el calor de la tarde haciéndose

Estoy en la calle esperándote
Es un leve motor que tengo
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro


XXVI

No creí elegir los tomates por mí mismo
Y vestirme para ir al empleo y no verte
con tu guardapolvos a cuestas.
No entregué el rosquete
Y el paisaje es una bruma donde el cuerpo de una mujer
Se diluye en el aire
Podré arder y dejar que el perro trastabille en el portal
No supe decirte
nunca te hablé con palabras
Y no sé dónde queda el hangar donde me citaste.

La mujer fuma y me cuenta de sus hijos
Ella acaparó toda la belleza de la especie
“Se fueron mis hijos porque no podían verme el rostro”
ni el tapado de armiño
Con el que te derramás en el sillón.

Ya no sos mía
Sos un planetario un ave que toca y toca
Donde quedan “murmullos y ruinas de murmullos”
niebla del Riachuelo o el muelle de Miramar
Estuve paseando con vos y tus padres no sabían
qué hacer conmigo
mientras me enamoraba de toda tu cabellera
inclinabas tu boca en mi estirpe
vaya a saber quién nos hundió y nos dejó
en la plaza sin césped en tu cabeza de novia
a la hamaca sin nadie.





Sergio Kisielewsky nació en Capital Federal, Argentina en 1957. Integró el Taller Literario Mario Jorge De Lellis y el Grupo Literario Las Cuarenta. Publicó los libros de poemas Algo de la época, Memoria caníbal, Corazón negro, Electrificar Rusia y La belleza es un campo minado. Integró el libro “Los poetas de Mascaró” que tuvo su versión teatral con la dirección de la actriz Leonor Manso en el Centro Cultural de la Cooperación. Obtuvo premios de Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, la AMIA en 1989 y el Fondo Nacional de las Artes. Integró el Plan de lectura Leer es Crecer que dirigió la Profesora Hebe Clementi. Su obra fue traducida al inglés por el poeta John Oliver Simon. Cursó la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y es periodista.



sábado, 5 de marzo de 2016

PATRICIA DÍAZ BIALET (*) "LA QUE VA"

























"La que va es una mujer que no se ha detenido. También una escritura poética que se proyecta sobre la propia senda que ella traza. Cada poema se construye dentro de la lengua que fluye, de la lengua aprendida en la infancia y la aprendida en el viaje. Es en el acto original de la escritura que se recrea además el propio viaje. La poesía se viaja escribiendo, se transita caminando como la mujer que va".
                           (fragmento de la contratapa, por Juano Villafañe)


Poemas tomados de La que va (Editorial Atuel, Buenos Aires, 2015):

 

CRUZAR EL CARTÍLAGO
Pasa eso de tener sed y estar sin lengua
Nora Etchenique

Para recuperar el termo que preserva el movimiento en sepia
                                                                                 /de mi infancia
Debo dominar la rienda insalubre de lo que debería haber sido

Quien haya transitado la órbita mía
También esquivaría la piedad con un broche de gato atado a la cola

La desgracia es un finísimo polen profiláctico



LA GENEROSA
En una u otra forma
Un día u otro
Proseguiré.
Aldo Pellegrini


Me atrae el hacerse molienda anónima que salta fuera del mortero
Así quisiera mi reingreso en el mundo

Cuando se encrespe la aurora
Quisiera ser molienda anónima
Intercalarme en el viento
Bordear lo corpóreo y no precipitarlo

Ser espíritu que no sujeta
Que no reclama

Arrullo del sol cuando amanece en la playa




DE CUAJO

Inmóvil como una estatua recibía las flechas de aspecto inofensivo que los canarios le clavaban.
Silvina Ocampo (La expiación)


La oncóloga pigmea dice terminal y se le llena la boca de saliva
Esta zángana sabe empeorar la desgracia

No hay salvoconducto
No hay santo y seña

Qué habrá notado
Con ese ojo púa que hinca su pezuña de ogresa
Y que no calma


                                                                  Un consultorio
Buenos Aires, 2010



 ARS POÉTICA

al poeta Atilio Castelpoggi
In memoriam

La poesía no es un pájaro.
Y es.
No es un pulmón, el aire, mi camisa,
no, nada de eso. Y todo eso.
Sí.
Juan Gelman


Me conoce bien mi hueso de asfixia.
Llega al máximo y luego me libera-
Creo que especula Si soporta este umbral soporta todo.

Mi hueso de asfixia retuerce su saco enfurecido.
Cuando me repongo
mi voz es un pétalo de susto.

Sólo después surge el poema.


Un taller de poesía en la SADE
Buenos Aires, 1982



MI ETERNIDAD

¿La muerte?
Sólo un gran cansancio
A orillas del mar infatigable
Alberto Szpunberg


Dos mirlos comen pan delante de mi silencio.
Así quisiera mi eternidad:
rodeada de pájaros hambrientos
a quienes pueda serle enteramente indispensable.



PATRICIA DÍAZ BIALET (Bs. Aires, 1962), profesora de Inglés, estudió Licenciatura en Actuación en el Instituto Universitario Nacional de Arte. Publicó los poemarios: Los Despojos del Diluvio, 1° Premio Fondo Nacional de las Artes 1989, Editorial Vinciguerra (1990). Testigo de la Bruma, Mención Honorífica Premio Bienal de Poesía Argentina de la Secretaría de la Función Pública de la Nación y el Fondo Nacional de las Artes 1991, Editorial Vinciguerra (1991).  La Penumbra de la Luna Llena, 2° Premio Concurso Fundación Inca Seguros 1992, Editorial Vinciguerra (1993).  La Dueña de la Ebriedad de la Rosa, 1° Premio Fondo Nacional de las Artes 1993, Editorial Vinciguerra (1994). Los Sonidos Secretos de la Lluvia, Mención Honorífica 1° Certamen Nacional de Poesía Papiros del Siglo XX, Editorial Plus Ultra (1994).  El Hombre del Sombrero Azul, Editorial Dunken, 1° edición (1996), 2° edición (1998). Papeles de Resurrección, versión en castellano de Resurrection Papers, de la poeta estadounidense Heather Thomas, Editorial Vinciguerra (2004). 
Poemas suyos fueron incluidos en la película “El Lado Oscuro del Corazón II” de Eliseo Subiela, y en el espectáculo "Con un tigre en la boca. Manual de los amantes". Fue columnista de poesía en diversos programas de radio y jurado en prestigiosos certámenes nacionales de poesía. 
Fue Secretaria de la Asociación de Poetas Argentinos, donde diseñó y coordinó durante seis años (2000 – 2005) las Olimpíadas Colegiales de Poesía. En febrero de 2005 fue invitada a presentar su poesía en la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba. 
Actualmente conduce, junto a Jorge Dubatti y Juano Villafañe, el programa cultural “El Descubrimiento” , por FM 88.7 La Tribu y tiene a su cargo una columna radial de literatura en el programa “La Mar en Coche”.