Mi reseña a Urbanización X, novela de Marta López Luaces; EL PODER DE LAS PALABRAS PARA DESACTIVAR RELATOS, publicada en la edición impresa del diario Página12 (Suplemento Rosario12), el 22 de julio de 2025
La resistencia de la palabra
©Marta
Ortiz
Marta
López Luaces, Urbanización X, Seix
Barral, Buenos Aires 2024
Abordar
la lectura de Urbanización X (Seix
Barral 2024), novela d la poeta y narradora española Marta López Luaces (A
Coruña, 1964), radicada en la ciudad
de Nueva York, ‒ficción que construye una realidad situada a fines del siglo
XXI en la que nadie desearía vivir‒, implica aceptar sus efectos colaterales: si
tensionamos, llevándolos a la hipérbole, los hilos que allí se desovillan, se
advierte que el germen de dichos ovillos ya late y está vivo y amenazante entre
nosotros. Como si miráramos a través de un cristal de aumento, se entiende que el
mundo distópico representado no es sino el eco pesadillesco del presente, el
aviso desoído de Casandra, el espejo en el que no queremos mirarnos.
Se
trata de un mundo cuyos bordes -entre otras citas y menciones leídas a lo largo
del texto-, son claramente expuestos en los epígrafes que dialogan con la
trama, tomados de autores y autoras que sobradmente han dado cuenta de cómo, en
contextos de globalización y neoliberalismo, la violencia, la muerte y la
explotación suelen asociarse para generar ganancias.
Las coordenadas espaciotemporales de Urbanización X dicen: año 2099 en la Tierra, devastada tras un
colapso ecológico o, mejor, ecocidio, si atendemos al descuido actual de los
recursos naturales del planeta. La humanidad sobrevive distribuida en
urbanizaciones amuralladas que siguen el orden del alfabeto. Según su fortaleza
económica representan las clases sociales conocidas: de la A a la D las más
altas donde unos pocos privilegiados aún respiran aire limpio bajo el cielo
azul; de la E a la L podrían ser las
capas medias y en las últimas letras se ubican las clases más bajas disueltas
en la marginalidad, un mundo sin derechos en el que las mujeres son el grupo
más pauperizado, meros objetos rentables en la Bolsa Internacional de Acciones
Humanas. Las familias venden a sus hijas para escapar de la pobreza. Solo
pervive el valor económico. La humanidad se ha deshumanizado.
La historia retrospectiva se cuenta
desde la voz de su narradora y protagonista, Uxía, hija de un narco poderoso y
de una mujer que maneja la prostitución en la X, donde violencia y crimen son rutina. Un lugar
del que se dice: “El mayor entretenimiento es la violencia. La muerte se ha
introducido en nuestro deseo”. Si bien el poder económico parental funciona
como escudo protector, Uxía le teme a la pobreza que se huele, se siente, “chirría”
cerca –dice-, y contra viento y marea se prepara para nunca caer en ella.
No escribe en un cuaderno al modo del
diario decimonónico o de la comunicación epistolar, sino que elige una forma
aggiornada de dicha tradición: un blog administrado desde la X, foro aparentemente
abierto aunque censurado: tras la primera publicación los comentarios que
amenazan o insultan se borran, y el excedente de dos o tres que sí se publican,
van a un archivo. Los posteos de Uxía buscan justificar o despejar dudas sobre
una probable complicidad suya en la desaparición de tres jóvenes (sus dos
amigas y su ex novio), quienes han creado un proyecto solidario colectivo que
intenta rehabilitar ese mundo en ruinas. Los usuarios del blog (en general miembros
de las clases medias o bajas) opinan, algunos le creen, otros la acusan de
mentir, se burlan e incluso intentan silenciarla o desertan de la página. Tal
polifonía de voces dispares instala la duda; quien lee oscila entre creer o
descreer de lo que se cuenta, el relato deviene una conversación hostil, una
letra siempre incierta.
Uxía
defiende su palabra mientras escribe: intenta conmover o mostrarse fuerte,
prueba y define estrategias. Sus lectores vigilan y dictaminan, nada es del
todo claro ni confiable, la verdad siempre en jaque,. Uno de los usuarios dirá:
“…la verdad es compleja, por eso preferimos creer que no existe o que algo
oscuro se esconde detrás de ella”. Algunos sospechan que Uxía y quienes la
rodean podrían no son reales, ¿existen? Se sabe por los relatos conocidos que
el número de historias posibles es limitado, ¿existen ellos o se trata de una
copia de personajes que ya conocemos?
Es decir, “la verdad”, en Urbanización X (tal como sucede en
nuestro tiempo) es un campo de batalla y el lenguaje, terreno minado y herramienta
de manipulación. Pese a las críticas, la escribiente no baja los brazos ni
abandona su relato, sabe que, como lo expresó Orwell y algún usuario lo cita:
“Quien controla la construcción del relato controla la realidad”. El relato es
poder, quien narra controla qué recordar o qué olvidar, elige la víctima y el
victimario. Conoce ese poder y lo usa; escribe para pasar en limpio su versión
de la historia, su relato. En un mundo donde nada queda en pie, la palabra, aun
sospechada, aun devaluada, logra permanecer. Así, el pensamiento de filósofos,
antropólogos, escritores, economistas, activistas de los siglos XX y XXI,
permanece en la memoria de los usuarios del blog, entre ellos, y paradójicamente
citado por alguien que pertenece a la X
donde la educación es un bien escaso, resuenan las palabras de Bifo Berardi
quien “vio en la poesía, la voz del lenguaje capaz de crear nuevos significados
y otras realidades posibles”, palabras que, dice, inspiraron a los jóvenes
idealistas desaparecidos que vieron en la poesía un instrumento de
transformación social en tiempos de crisis de la imaginación, aplastada por el
peso brutal de la economía financiera.
Y ha
de haber sido, tal vez, en estas palabras de Berardi, que Marta López Luaces
nos acerca el ritmo deseado de una nueva respiración, la posibilidad de un
antídoto a tanta realidad distópica: la palabra poética, revolucionaria y
sobreviviente a toda destrucción, tal vez sea la única capaz de crear una
realidad alternativa. Con un lenguaje claro, intensamente simbólico, exento de
adornos, casi diría funcional, cercano a la experiencia de quienes deambulan en
las recovecos de ese mundo deshumanizado que ha olvidado la dimensión poética
del lenguaje, no resigna sin embargo, apelar, cada tanto, a un cierto
resplandor poético en las páginas de Urbanización
X, como quien da un respiro a tanta reducción, a tanto sofoco, a tanto condicionamiento.
En los tramos finales, el relato de Uxía
adopta el ritmo cinematográfico de un thriller, una serie de peripecias que
incluyen infidelidad, traición, asesinato, huida, cruces de fronteras, hechos
manipulados por las dos organizaciones que en diferentes direcciones lideran
los destinos de la humanidad, el blanqueo de la acción colectiva de los
desaparecidos versus la salida individual de Uxía a cambio de servicios
especiales, quien acepta y declara: “Y sí, soy una persona de este tiempo, mi
yo –mi bienestar, mis deseos y mi
prosperidad es lo que importa”. Se precipita así el acceso prometido a la urbanización
que siempre imaginó como el paraíso, y donde lo que allí encuentra devela a
quien lee, aquello que Uxia no puede expresar porque al momento de trasponer la
entrada y comprobar en qué consiste la ansiada urbanización A cierra su último
posteo: ella también ha sido manipulada; idealistas y pragmáticos han sido ipor
igual cooptados por el poder económico. No hay salvación. No hay tal paraíso. La
imagen poderosa de una extensión baldía es el espejo agrio del que hablábamos
al comienzo de este texto: el fracaso de un sistema que promete bienestar a
cambio de exclusión, un mundo “ideal”, que solo implica ruina.
Urbanización X no es solo la proyección de un futuro devastado. Es también una reflexión sobre el poder del lenguaje, sobre la violencia de los relatos que desestabilizan la realidad y la despojan de su historia hasta vaciarla de toda humanidad. Muchos interrogantes quedan flotando. Corolario de tanta pérdida, y tratando de imaginar un futuro si es que existe, brilla, al menos, una certeza: la necesidad urgente de exponer y resguardar nuestros testimonios
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