OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

domingo, 23 de octubre de 2011

DIARIO DE PRIMAVERA EN LA PLAZA 25 DE MAYO (Capítulo 2)

Continúo mi relato gráfico de las estaciones en la plaza 25 de mayo, siempre desde el mismo punto de mira. El invierno dejó al desnudo los árboles y las fuentes simétricas (ver registro gráfico anterior:
http://marta-ortiz.blogspot.com/2011/07/invierno-en-la-plaza-25-de-mayo.html)

Puntual, setiembre volvió a recubrir ramas y troncos: primero fue el brote que rompe el primer verde, verde tierno, alimonado, de fin de invierno, luego la eclosión de de hojas madurando forma y color, ocultando a la mirada las veredas, las fuentes, los edificios lindantes.



17 de octubre de 2011

17 de octubre de 2011

4 de octubre de 2011

4 de octubre 2011

4 de octubre de 2011

4 de octubre de 2011

20 de setiembre de 2011

20 de setiembre de 2011

16 de setiembre de 2011

16 de setiembre de 2011

14 de setiembre de 2011

14 de setiembre de 2011

martes, 18 de octubre de 2011

Poesía en la cárcel. Taller Historial de soledades




Texto completo publicado hoy en el periódico EL FISGÓN DIGITAL:

VIVENCIAS EN EL TALLER HISTORIAL DE SOLEDADES

El trébol en la grieta (poesía en la cárcel)

MARTA ORTIZ, para El Fisgón Digital

18/10/2011 -
Ojalá el viernes (23 de septiembre) esté lindo como hoy así nos reunimos en el patio; el patio es lo más semejante a la libertad en un espacio de clausura (palabras aproximadas de la poeta rosarina Susana Valenti en el curso de una conversación telefónica. Me invitaba a asistir al encuentro entre un grupo de poetas -extranjeros y nativos- invitados al XIX Festival Internacional de Poesía de Rosario -del 22 al 26 de septiembre de 2011-, y los internos-discípulos del taller Historial de Soledades que ella coordina, en la Unidad de Detención N°3).


Pero es primavera y el tiempo, tirano, hace lo que quiere; el viernes que se deseó soleado amaneció gris oscuro a punto de lluvia, ventoso y frío. El patio, imposible. Sin embargo, ninguna razón pesaría lo suficiente como para detener a la siempre dispuesta y militante maquinaria poética activada; mucho menos, un mero detalle climático.

El año 2011 marca el cumpleaños número diez del taller de poesía en la cárcel, hoy dependiente del Ministerio de Seguridad, del Ministerio de Educación y Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe. En el lapso de esos diez años se publicaron tres antologías: “Entre la oscuridad y la valenti-a” (2002), “Condición circular” (2003), “A centímetros del día” (2005). Desde 2007 Historial de Soledades recibe la visita anual de los poetas del festival y se han publicado sendas plaquetas, por lo menos cuatro, que difunden las “valientes” y valiosas producciones del taller. Dos lecturas públicas se cuentan en su haber: en el Centro Cultural Plaza Cívica (2006) y en la inauguración de la Biblioteca del Complejo Penitenciario de la Unidad N°11.

A las diez menos diez de la mañana del día 23 nos acercamos en racimos los convocados, a la enorme puerta de hierro que cierra el ingreso a la unidad penitenciaria. El edificio blanco a la cal con rebordes formando una guarda geométrica color mostaza, se parece a una fortaleza medieval almenada, ocupa una manzana. Luego de franquearnos la entrada, un guarda cárcel aconseja cuidar nuestros efectos personales. Pero de inmediato sonríe adelgazando cualquier temor y agrega: “muévanse tranquilos, está todo vigilado, no van a poder distinguir al personal carcelario de los internos, no hay uniformes; es la impronta que tratamos de darle a esta casa”. Esa fue su bienvenida.
El lugar previsto para reunirnos es un salón rectangular, más largo que ancho, multifuncional con salida al patio. En las paredes, con letra bien legible y en diferentes colores, los graffitis compiten con las manchas de humedad. Transcribo dos leyendas: “Jamás podrán encerrar mis pensamientos…” y “Dicen que estamos locos, pero lo más loco es que estamos… ¡Cuerdos!”.

El improvisado auditorio consta de una tarima, micrófono, equipo de sonido y sillas blancas de plástico bordeando todo el perímetro, entre la pared y las mesas de cemento empotradas al piso que lo cortan al medio. Se han dispuesto pizarras donde se pegaron afiches que exhiben parte de la producción poética del taller: aforismos, de los que incluyo mi brevísima selección “La poesía es un reloj trabajado con palabras de arena que nos despojan de rostros desgarrándose en el tiempo”, firma Fabián Silva; “La poesía es un arma forzada que cuando da en el blanco anula toda posibilidad de morir”, según Leonardo Salinas; “Cuando el poema nombra al viento, suena la misma voz en libertad”, palabra de Juan Rodríguez.

En mi retina se dibuja insiste una imagen, a la vez metáfora y certeza: en este espacio de aislamiento, de reclusión, de clausura, la poesía se abre paso con la obstinación de la hierba: contra viento y marea crece y en las más inhóspitas condiciones echa raíz en la ranura que provee la imperfección de la piedra.

Ya ubicados y atentos a lo que vendrá, aguarden los poetas visitantes Elena Anníbali –Oncativo, Córdoba-, José Ángel Cuevas –Chile-, Rosa Chávez –Guatemala-, Florence Pazzotu –Marseille, France-, Liliana Ancalao –Chubut, Argentina-, Lalo Barrubia –Uruguay-, Florencia Milito –Argentina-EEUU-, Irma Marc –Corral de Bustos, Córdoba-, entre otros. También los convocados por la coordinadora: Ana María Paris (quien viajó especialmente desde Santa Fe) y Delia López Zamora–ambas artistas plásticas-, Herminia Severini –madre de la plaza 25 de Mayo-, Inés Manzano -poeta porteña-, estudiantes - Ciencias Políticas, Trabajo Social, Psicología Social-, familiares de los internos, quien escribe esta crónica, y más, y todavía más.

A la hora de abrir el encuentro Susana Valenti, agradece los diez años de continuidad del taller. Y muy en especial a los presentes: “ustedes son personas que manifiestan tener una visión humanitaria de la existencia por el solo hecho de haberse acercado”–dice-, y con una sonrisa invita a los poetas visitantes “poetas cuyo corazón precede a su obra, que aceptan o eligen venir voluntariamente a un penal” –subraya-, y a sus pupilos (Daniel Balaguer, Ariel Maschio, Juan Rodríguez, Sebastián Vera, Interius, Maximiliano Trovato, Leonardo Salinas, Pablo Taverna, Máximo Santacruz, Roberto Blanco, Brian Tévez, Jesús Saire, Paulo Recio, Maximiliano Peña, Ricardo Peralta), a acercarse al micrófono y leer sus poemas.

Entonces el clima se distiende, toda formalidad se borra y como globos de luz, se sueltan las voces. Y flotan. Trepa el muro el misterio del trébol amanecido en la grieta. Brilla la palabra salvoconducto, abrigo de lana, resistencia, antídoto contra el abandono, la soledad, el castigo. Palabra que cada miércoles desde hace una década, Susana-maestra trae al penal bajo la forma de un poema para presentársela a sus “chicos”, así los nombra. Y el abrigo presentado es poderoso –la poesía de los mejores referentes- sirve para la vida, para suturar ausencias, adereza un “afuera” de libertad futura que se sueña digno.

No solo son cárceles las que literalmente llevan ese nombre. Una dialéctica constante, un arco voltaico se tiende entre el afuera y el adentro, entre el yo más íntimo y el yo social, entre el encierro en el marco de cuatro paredes y el codiciado afuera por donde se intuye que la “verdadera” vida tiene lugar. Pienso en la enfermedad de la neozelandesa Katherine Mansfield, por ejemplo, sus encierros e internaciones reiterados, su diálogo con el mundo exterior a partir de una ventana; pienso en el accidente que inmovilizó a Frida Khalo condenada a largas y dolorosas estancias en la prisión de una cama; en el exilio voluntario de la poeta Emily Dickinson: recluida en el altillo de su casa fue ella misma la metáfora cliché de su época: “la loca del desván”. Y la ceguera de Borges, señor de los libros y de las bibliotecas, impresa en el lúcido poema de Daniel Balaguer, que leo en la plaqueta: “La ceguera, ese don habitable”: El poeta ciego sin reproches / pone luz a su último poema / por encima de cualquier color / son versos tristes […] Desierto de vanidades / sangra al escribirlo / como su lenta noche / como su corazón. A todos ellos, artistas, su métier, su arte, los protegió de la enajenación; la libertad de imaginar, de crear, vuelo libre, pájaro azul, navío como aquel que usando un trozo de carbón dibujara en la pared de su celda para luego desaparecer a bordo de él y burlar así su cautiverio físico –según cuenta una antigua leyenda americana- la mujer conocida como “mulata de Córdoba” (México), prisionera bajo el cargo de hechicería en tiempos de la Inquisición.

Todos estos pensamientos se cortaron al momento del aplauso que selló el final de las lecturas y el comienzo del “ágape” que los talleristas ofrecieron a los visitantes, momento de acercamiento, de ricos cruces de materiales y palabras.

Y ahora, mientras escribo, pienso en esa otra clase de prisión más solapada, más turbia. La que en palabras de Roberto Blanco es “la noche profunda” que lo “lleva a parajes tenebrosos”. En su poesía lo expresó Maximiliano Peña: “hay cárceles más jodidas”–advirtió–“las cárceles invisibles”: se refería al oscuro poder que otorga la posesión de un arma. Transcribo algunos párrafos de su poema “Soldadito del plomo”: Traspaso el hormigón con mi lápiz / y te veo inmóvil / con el peso del metal encima / cuidando el horizonte. / […] Aunque no lo creas, ya no te odio / pero aborrezco tu plomo / que antes era mío. / Parecemos diferentes / Sin embargo, yo estuve en tu cárcel / y desde acá te llamo soldadito.

Nunca miré el reloj, el tiempo transcurrido solo puede medirse en términos de intensidad y en esos términos parece el tiempo sin medida de un sueño. El encuentro empieza a diluirse, salimos al patio y volvemos a entrar, nos saludamos aquí y allá. Los grupos se organizan para la partida, despedirse no es fácil.

Cada vez más nítidos los bordes del trébol crecen en la grieta. Tal vez abierta –la grieta- con el solo objetivo de alojarla allí, a la breve mata apelmazada, en su hueco hospitalario. Así el taller Historial de Soledades recibe y aloja a los “chicos” que se acercan a su espacio para brindarles un recurso de características únicas: la palabra puesta a germinar poesía: ejercicio libertario privativo e inalienable de todo ser humano, cualquiera sea su estado y condición: la libertad de crear.

link a EL FISGÓN DIGITAL:

http://www.elfisgondigital.com/fsgw/arte/nota73891

sábado, 15 de octubre de 2011

SUSANA QUIROGA


Edward Hooper

OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS
(*)

Ahora que estoy sola

en la casa de la espera

llego y me descalzo

camino y me desnudo


las paredes me miran

y los ojos del recuerdo


ellos me conocen

y me invitan

a remontar claridades

a beber

sorbo a sorbo

el vino tinto

de la vida


lloro

quedamente

la música


del olvido


----


Todavía


a pesar de la lluvia

gajos naranjosrojos del clarín de guerra

colorean la cumbre de mi ventana


todavía


rama de picaflores

gotas de lluvia


y sol


----


San Salvador, yo soy tu luna

A San Salvador de Jujuy, mi ciudad


La ciudad me late

se desteje

en el pulso de mi cuerpo


San Salvador yo soy tu luna

que te mira y gira

arrobada

por tus ángeles


nostalgiosa

me tiendo entre tus cerros

devanando tiempo

mi alma canta

el verde azul

de tus santuarios


indecisa

camino por tus calles

debajo de los naranjales

y encuentro

a la mujer-niña

aromada de azahares

(poemas inéditos)



Quisiste ver la amancaya roja

como una estrella


y asomaron cuatro

en un mismo tallo


era el legado

de tu abuela

____


El padre las mira desde el lecho

la nostalgia en los ojos

y una tenue sonrisa


mira cómo madre e hija bailan

la canción de la vida


ellas espantan

con la música alegre

y con los ojos tristes


tanta melancolía


___


Me tendí a tu lado

/dulce amor/

dormías con serenidad


no sabíamos

que eran las últimas horas


ya descansabas


(de Verano intenso-2006)


Esa mujer

dialoga con la ausencia

ambas

tomadas de la mano

caminan por arenas desoladas

descalzas

se mojan en las aguas

de la marea

que sube

y baja.


__


Yo me digo

que la casa no está sola

solamente silenciosa

recogida como iglesia

convocada por recuerdos.

No está sola.

A cada paso

voces

que aparecen cada tanto

tantos que poco a poco

se van espaciando.

Y yo me hablo

y le hablo

y la casa sabe

que la Ausencia nos habita

y el husmeo de mi perro

la delata

la rastrea

la ahuyenta

y me persigue

y me acompaña

y me ofrece

su mansedumbre tibia

para la desnudez

de mis pies.


(De Salvajes luces inquietas sombras—1998)

(*) Susana Quiroga, poeta y narradora jujeña, 1942. Estudió Letras. Fue Rectora del Colegio Nacional Nº 1 de Jujuy, siendo la Primera mujer rectora en ese colegio centenario. Ejerció las cátedras de Literatura Española III y Didáctica de la Lengua en institutos terciarios. Ha publicado poesía: Mariposas (Dirección Provincial de Cultura de Jujuy, 1988); Poemas de la soledad, (Vinciguerra, Bs. As.1994); Salvajes luces inquietas sombras, (Vinciguerra, 1998); Arcilla de mujer (Vinciguerra, 2000); Una (Alción, Córdoba, 2005); Verano intenso (Apóstrofe ediciones, Jujuy, 2006). Narrativa: Ráfagas de viento, (Cuentos, Jujuy,1991); Mensajería (cuentos, UNJ, Jujuy, 1995); Final de sitio (el río de Agustina)(novela, Vinciguerra, 2003); Suerte perro (novela, Vinciguerra, Bs Aires, 2009); Ella y él (cuentos, Apóstrofe ediciones, Jujuy, 2011). Ha recibido numerosos premios por su obra literaria. Participó en antologías. Ejerce el periodismo cultural en revistas y periódicos del país y del extranjero. Dirige de la Página Literaria del Diario Pregón de Jujuy desde 2001. Miembro de Honor por Jujuy de la “Fundación Argentina para la Poesía”, Bs. As. Temas recurrentes en su escritura: la mujer (reconocimiento a su lucha), la naturaleza y su contexto.

martes, 11 de octubre de 2011

Pessoa


Gustav Klimt, El árbol de la vida

Si yo viera aquel árbol como todo el mundo lo ve, no tengo nada que decir sobre aquel árbol. No vi aquel árbol.
Es cuando el árbol desencadena en mí una serie conexa de emociones que lo veo diferente y justo. Y en la proporción en que esas ideas y emociones fueran aceptables para todo el mundo, y no solo individuales, el arbol será El Árbol.


Por Fernando Pessoa (Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal, Emecé, Buenos aires, 2005)

jueves, 6 de octubre de 2011

Tomas Tranströmer (Estocolmo, Suecia, 1931)



Nobel de literatura 2011 para el poeeta sueco Tomas Tranströmer:

Un poema no es otra cosa que un sueño que yo realizo en la vigilia. El sueño y el poema vienen de la misma persona. Tienen algunas leyes compartidas. Tengo una relación de mucho amor con el sueño. Me voy a la cama como si fuese a una fiesta. El despertar es casi siempre una desilusión.

del diálogo de Tomas Tranströmer con el poeta español Juan Antonio González Iglesia en El país, Madrid:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Transtromer/poema/cosa/sueno/vigilia/elpepucul/20111006elpepucul_4/Tes


Después de una larga sequía


Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas.

La lluvia se desliza desde el cielo

y en calma aterriza

como si se tratase de sorprender a alguien que duerme.


Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada

y es la única superficie que hay

-lo otro es altura y profundidad,

ascender y hundirse.


Dos troncos de abeto

emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor.

Lejos están las ciudades y el sol.

El trueno está en la hierba alta.


Es posible llamar a la isla de los espejismos.

Es posible oír esa voz gris.

Para el rayo, el hierro es miel.

Uno puede vivir con su código.


(de La barrera de la verdad, 1978)


Siesta

Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...

La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.

Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla

los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

El águila sube y sube sobre los que duermen.

Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.

Pasos del caballo con la venda en los ojos.

Los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.

El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.

Y resonando en el tiempo —como el ataúd de Lázaro—

el ombligo que late, de la eternidad cautiva.


de Secretos en el camino (1958), traducción, Roberto Mascaró

Respuesta a una carta


En el último cajón del escritorio encuentro una carta que llegó por primera vez hace veintiséis años. Una carta aterrada que aún ahora, al llegar por segunda vez, respira.
Una casa tiene cinco ventanas: a través de cuatro de ellas el día brilla claro y tranquilo. La quinta da a un cielo negro, relámpagos y tormenta. Yo estoy en la quinta ventana. La carta.
A veces, se ensancha un precipicio entre el martes y el miércoles, pero en un instante pueden transcurrir veintiséis años. El tiempo no es una línea recta sino más bien un laberinto, y si uno se acuesta contra la pared en el lugar adecuado puede oír los pasos apurados y las voces, uno puede oírse a sí mismo transitar allí, del otro lado.
¿Tuvo esta carta alguna vez respuesta? No lo recuerdo, fue hace tiempo. Los incontables umbrales del mar continuaron pasando. El corazón continuó dando sus brincos segundo a segundo, como el sapo en la hierba húmeda de la noche de agosto.
Las cartas no contestadas se hacinan en lo alto, como nubes cirrostratos que anuncian mal tiempo. Ellas debilitan los rayos solares. Un día contestaré. El día en que esté muerto y por fin pueda concentrarme. O por lo menos esté tan lejos de aquí como para que pueda volver a encontrarme. Cuando vaya, recién llegado a la gran ciudad, por la calle 125, en el viento de la calle de las basuras danzantes. Yo, que amo el deambular y el desaparecer en la multitud, una letra T en la interminable masa del texto.

(de La plaza salvaje (1983), incluida en Para vivos y muertos, Hiperión, 1992, Madrid, trad.:Roberto Mascaró)