OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

domingo, 1 de agosto de 2010

Tess Gallagher


Tres poemas

(“Moon Crossing Bridge”, 1992; “El puente que cruza la luna”, 2006)(*)

“El puente que cruza la luna" es una traducción de los caracteres chinos del Puente de Togetsu, en el río Oí, cerca de Kioto, en la zona de Arashiyama, conocido por las muchas e importantes obras literarias que celebran su belleza. En los antiguos días de la aristocracia, había una curiosa costumbre (...) que consistía en tirar abanicos al agua desde los barcos, para que flotaran río abajo.
La zona montañosa de la orilla de Sagano del puente también es conocida por sus muchos templos, y como lugar de retiro para los que desean emprender una vida de soledad. Caminando por el Puente de Togetsu a finales de noviembre de 1990, con dos amigos japoneses, se me ocurrió que acababa literalmente de cruzar el título de mi libro.
Se dice que el nombre del puente es una alusión a la luna que atraviesa el cielo nocturno.

Dejo de escribir el poema

para doblar la ropa. Sin que importe quién vive

y quién muere, sigo siendo una mujer.

siempre tengo muchas cosas que hacer.

Pongo juntas las mangas de su camisa.

Nada puede detener nuestra ternura. Volveré

al poema. Volveré a ser

una mujer. Pero por ahora

hay una camisa, una gigantesca

camisa en mis manos, y en alguna parte

una niña pequeña de pie junto a su madre

observando para aprender cómo se hace.


A la manera de los chinos

Al romper el día un viento norte ha desprendido

la nieve de las ramas del abeto. Ningún disfraz

dura mucho. ¿Creíste que no había viento

bajo tierra? Mi caballo tártaro prefiere

el viento norte. ¿Creíste que un poco

de tiempo y muerte me detendrían?

¿Acaso no me elegiste por la postura terca

de la cabeza, por mis ojos verdes que desanimaban

a charlatanes y vendedores que llamaban a la

puerta?

Dejé marcado un sendero, un círculo ahuevado

alrededor de tu tumba para mantener el calor

mientras te hablo. Soy la única

en el cementerio. Elegiste bien. Nadie

es tan terca como yo, y mi caballo tártaro

prefiere el viento norte.


After the chinese

By daybreak a north wind has shaken
the snow from the fir boughs. No disguise
lasts longs. Did you think there were no winds
under the earth? MyTartar horse prefers
a north wind. Did you think
a little time and death would stop me?
Didn’t you choose me for the stubborn
set of my head, for green eyes that dared
the cheat and the haggler from our door?
I’ve worn a little path, an egg-shaped circle
around your grave keeping warm
while I talk to you. I’m the only one
in the graveyard. You choose well. No one
is as stubborn as me, and my Tartar horse
prefers a north wind.

Traducción: Mirta Rosemberg y Daniel Samoilovich (Moon Crossing Bridge (Graywolf, Saint Paul, Minnesotta, 1992)

Ahora somos como aquel montón mate de arena
del jardín del Pabellón de Plata de Kyoto,
diseñado para revelarse sólo a la luz de la luna.

¿Quieres que esté de duelo?
¿Quieres que guarde luto?

¿O, como la luz de la luna en la arena blanquísima,
quieres que use tu luz para brillar, para relucir?

Brillo. Estoy de duelo

(Traducción: Eduardo Moga para Bartleby Editores, Madrid, 2006)

(*)Poemas posteriores a la muerte de Raymond Carver (1988), de intenso tono elegíaco.

domingo, 18 de julio de 2010

RAYMOND CARVER, POETA OCASIONAL



"No me interesan los poemas bien hechos. Al verlos, mi tentación es decir: Ah, pero no es más que poesía. Yo busco algo distinto, algo más que un buen poema". (R. Carver)

Del reportaje publicado en Paris Review en 1983 (Mona Simpson y Lewis Buzbee) Traducción, Mirta Rosemberg, Diario de poesía, otoño de 1989:

¿Todavía escribe poesía?

Un poco, pero no suficiente, quiero escribir más. Si pasa un tiempo largo, seis meses o algo así, sin que haya escrito ningún poema, empiezo a ponerme nervioso. Empiezo a preguntarme si he dejado de ser poeta o si he perdido la capacidad de escribir poesía. Entonces suelo sentarme a escribir algunos poemas. Este libro mío que aparecerá en la primavera, Fires, reúne todos los poemas que deseo conservar.

¿cómo se influyen entre sí la escritura de poesía y la de narrativa?

Ya no se influyen. Durante mucho tiempo estuve igualmente interesado en escribir narrativa y en escribir poesía. En las revistas, siempre me fijo primero en los poemas que en los relatos. Finalmente tuve que elegir, y elegí la narrativa. Fue la elección adecuada. No soy un poeta “innato”. No sé si soy algo “innato”, salvo un varón blanco norteamericano. Tal vez me convierta en un poeta ocasional. Pero estoy conforme así. Eso es mejor que no ser ninguna clase de poeta.

Madre *

Mi madre me llama para desearme feliz navidad.

Y para decirme que si esta nieve sigue

se va a matar. Yo deseo decir

que no soy yo mismo esta mañana, por favor

dame un respiro. Tal vez tenga que recurrir otra vez

a un psiquiatra. Al que siempre me hace la más fértil

de todas las preguntas: ¿pero qué está sintiendo en realidad?

En cambio, le digo que uno de nuestros tragaluces

tiene una gotera. Mientras hablo, la nieve

se licúa sobre el divàn. Le digo que ahora consumo salvado

así que ya no hay necesidad de que se preocupe

porque me pesque un cáncer y acabe con todo su discurso.

Ella me escucha hasta el final. Después me informa

que se va de este maldito lugar. De algún modo. La única vez

que quiere volver a verlo, o a verme, es desde su ataùd.

De repente, le pregunto si se acuerda de la vez que papá

Estaba muy borracho y le trenzó la cola al cachorro de Labrador.

Sigo un rato así, hablando

de aquellos tiempos. Ella escucha, esperando su turno.

Continúa nevando. Nieva y nieva

cuando cuelgo el teléfono. Los árboles y los techos

están cubiertos de nieve. ¿Cómo puedo hablar de esto?

¿Cómo podría explicar lo que estoy sintiendo?


El fenómeno *

Me desperté destruido. Dios sabe

dónde anduve toda la noche, pero me duelen los pies.

Más allá de mi ventana, se está produciendo un fenómeno.

El sol y la luna penden lado a lado sobre el agua.

Dos caras de la misma moneda. Me levanto de la cama

lentamente, casi como un viejo que maniobra

para salir de su cama mustia en el invierno y que por un momento

ni siquiera puede orinar. Me digo

que ésta debe ser una situación transitoria.

En unos años, ningún problema. Pero cuando vuelvo

a mirar por la ventana, el sentimiento me da una estocada.

Una vez más, la belleza de este sitio me arrebata.

Mentía si alguna vez dije lo contrario.

Me acerco al vidrio y con lo que ha pasado

entre uno y otro pensamiento. La luna

se ha ido. Se ha puesto, al fin.


* Traducción, Mirta Rosemberg y Daniel Samoilovich

jueves, 15 de julio de 2010

mujeres de letras (en La anémona Vidente, de René Villar, por Susana Rozas)



click aquí para abrir la anémona


sábado, 10 de julio de 2010

Antón Chéjov (la lección del maestro)



Chéjov no escribió nunca un ensayo ni un esbozo de teoría literaria, pero de su correspondencia a amigos, editores, escritores amigos, se extrajeron estas notas y reflexiones...

De la escritura del cuento

el inicio me parece siempre muy prometedor, como si empezase una novela; la parte central es incierta, chapucera; y el final, una especie de fuegos de artificio, como en un cuento breve. Involuntariamente, cuando se escribe un cuento, uno se preocupa ante todo de sus límites; del conjunto de protagonistas y semiprotagonistas se toma un solo personaje –marido o mujer-, se lo sitúa en el fondo y se resalta sólo a ese; los otros, en cambio, se distribuyen en ese fondo como monedas menudas, formando algo que se asemeja a la bóveda celeste: una luna grande rodeada de una multitud de estrellas muy pequeñas. No obstante, la luna no acaba de quedar bien, porque sólo es posible entenderla si se comprenden también las estrellas; pero éstas no están perfiladas. […] ¿Qué hacer? La verdad es que no lo sé. Confío en el tiempo, que cura todos los males.

(en carta a Alekséi Suvorin, Moscú, 27 de octubre de 1888)

Del arte de reescribir...

Preparo el material para mi tercer libro y tacho sin piedad. Es extraño, ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

(A Alekséi Suvorin, 6 de febrero de 1889)

No existe una policía que pueda considerarse competente en cuestiones literarias. Sí, estoy de acuerdo, es imposible no recurrir al freno y al bastón, ya que los bribones se entrometen también en la literatura; pero, por mucho que se haga, será imposible encontrar para la literatura una policía más eficaz que la crítica y la conciencia personal del autor.

(A María Kiseliova, Moscú, 14 de enero de 1887)

Escriba una novela. Escríbala durante un año entero, luego acórtela durante medio año y después publíquela. Usted lima poco, y un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

(A lidia Avílova, San Petersburgo, 15 de febrero de 1895)

(textos de Chéjov recopilados por el profesor Piero Brunello -Universidad deVenecia- para su libro Sin trama y sin final, Alba Editorial, Barcelona, 2002)