OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

domingo, 17 de diciembre de 2023

CALEIDOSCOPIO GORODISCHER, dossier homenaje

 "Caleidoscopio Gorodischer", dossier-homenaje (coordinado por la escritora santafesina residente en Berlín Esther Andradi) en reconocimiento a la vida y obra de nuestra querida Angélica Gorodischer en el que tuve la alegría de participar, se puede leer en línea :

Revista Hispánica de Cultura y Literatura:

https://languages.colostate.edu/confluencia/past-issues/


 Volumen 38 número 2, spring 2023-(Universidad de Colorado, USA, DEPARTAMENTO DE ESTUDIOS HISPÁNICOS)).

Cliquear "Current Issue 38.2" para acceder al índice completo de la revista y al pdf del Dossier. 

Recorriéndolo en las voces que lo componen, se abren como espejitos de colores las incontables facetas que modelaron la vida y obra de la escritora emblemática que es la querida Angélica.


Escribí este texto ficcional que cierra el dossier:







lunes, 27 de febrero de 2023

IMAGO MUNDI (11 TERRITORIOS)



 

Imago Mundi 11 Territorios, Editorial Ciudad Gótica, Rosario, 2022


Un hilo secreto orientó la búsqueda a un espacio que nos desplegó su universo sorprendente. Habitantes crónicos de la geografía de la palabra y sus texturas, salimos a conquistar paisajes. Traspasada esa frontera imaginaria que los antiguos romanos llamaron “limes”, sucedió el encuentro: un sitio desconocido donde todos somos extranjeros y la letra hace la hospitalidad: Imago Mundi: once miradas, lugar de pertenencia.


TEXTO DE CONTRATAPA

      En “Augurios de inocencia”, William Blake escribió: Ver un Mundo en un Grano de Arena / y un Cielo en una Flor Silvestre; / tener el Infinito en la palma de tu mano / y la Eternidad en una hora. Como un espejo de ese grano de arena, de esa flor silvestre, Imago Mundi aspira a captar, en el recorte de los once territorios que le dan cuerpo, una imagen posible de la totalidad.

      Mapa plural, confluencia de historias recogidas tanto a la vera del Paraná, como en la médula de la ciudad. Episodios donde el azar cósmico arbitra encuentros imposibles, explosiones que destruyen iglesias, trenes que llegan a estaciones remotas, delicadas flores, un hotel fantasma. Crónicas y autoficciones reescriben la vida cotidiana. La emoción  se escribe, se borra y se vuelve a escribir. Ni más ni menos que la acción rizomática de la escritura. Su expansión horizontal echando raíces, brotes que se propagan, palabras que se aparean, su belleza despertando la imaginación.

     Once escritorxs ofrecen once modos de estar en el mundo, o mejor, once modos de circulación entre el cielo y la tierra. Territorios interiores dibujan  una cartografía ficcional en la que (ya, tal vez ya), usted, que leyó esta contratapa, ha comenzado a internarse.


IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN. (17 de diciembre, 2022)






 













ENLACE AL VIDEO CREADO PARA LA PRESENTACIÓN:





Crónica de un día

©Miriam Falchini

 

Según la numerología, el 11 es el número del iniciado, el que ya emprendió un camino y el que tiene la misión de trasladar sus conocimientos a los demás. Además, es la base para lograr el 22, el número del constructor, el del nuevo comienzo, el iniciador del camino que debe recorrerse en beneficio de los demás.

      Hay días en nuestra vida que merecen contarse.

     Por lo general la monotonía de las horas se repite, transcurre con altibajos más o menos transitables sin que podamos remediar o modificar su curso.

Hay acontecimientos que compartimos todos los humanos. El nacimiento de un hijo, una boda, la muerte. Otros, menos excepcionales.

Publicar un libro junto a once escribientes amigos, no se compara con nada.

Todo empezó cuando las hojas en blanco se transformaron con las formas de las letras y el negro le fue ganando en color. Cuando crecieron en la emoción de sus contenidos y encontraron un ritmo, un tono. Fueron leídas y corregidas. ¡Tantas veces! Hubo alguien que supo comprender, coordinar, que con una paciencia infinita escuchó, alentó y se hizo oír. Que puso su talento al servicio del resto. Y el torrente hizo que el río desbordara y se saliera de su cauce para dar lugar a otros ríos, a otros mundos que se hicieron un poco más visibles.  El encanto surgió para dar lugar a la suma de páginas y la suma de mundos  -territorios- para convertirlos en libro.

Fue un proceso tranquilo, espontaneo. Surgió de modo natural. Solamente fue necesario imaginarlo.

Y hubo un día en que una antigua casa convertida en bar, espacio cultural, sede de actividades diversas, fue el lugar que el destino marcó para el evento. El hogar que en algún tiempo perteneció a una familia tradicional, avasallado por el paso del tiempo, con paredes desteñidas y muebles añejos. Un lugar que parecía oscuro se vio invadido por un grupo de personas que lo iluminaron. Algunos traían pretensiones de escritores, otros ya estaban consagrados. Todos ocuparon el mismo lugar, unidos por la fuerza poderosa de la palabra escrita.

Los once ocuparon la misma mesa y apoyaron su libro sobre un mantel también robado al pasado y la magia alrededor del fuego le dio calor y vida al lugar. Fue disfrute. Un poco de sorpresa tal vez. Se rompieron paradigmas y viejas estructuras discursivas fueron reemplazadas por la espontaneidad. Hasta hubo improvisación. Es que siempre sale bien lo que late dentro de nosotros.

Hoy, los once territorios comunicados por carabelas están en los estantes de las librerías, esperan ser leídos. Están a disposición de quien quiera alcanzarlos, y si es posible los convierta un poco en parte suya.

Y como no era suficiente con tanto, en pocas horas otros once jugadores salieron a la cancha para hacer su arte. El del fútbol en este caso. Y con gran esfuerzo, con sufrimiento, lograron un triunfo maravilloso. Gladiadores que lucharon hasta ganar lo que parecía imposible.  Ellos también tenían a alguien que los supo conducir. Llevaron luz al corazón argentino que se prendió de esta alegría para seguir latiendo. Los colores de la bandera se agitaron con tanta fuerza que, confundidos con el cielo, se extendieron por todos los continentes del mundo.

Será casualidad. O causalidad. Pero se dio al mismo tiempo.

Hay momentos que serán eternos. Fotos solo perceptibles a nuestros ojos que como en un desfile se perfilan para no borrarse jamás.








lunes, 1 de agosto de 2022

FRESIAS DE OCTUBRE, Graciela Perosio

 




Fresias de octubre: apuntes de lectura

Por Marta Ortiz


Graciela Perosio, Fresias de octubre, Edit. El jardín de las delicias, Buenos Aires, 2022)


Con la cadencia de una conversación íntima, los poemas de Fresias de octubre se construyen al modo de entradas a un diario: partes de enferma repasan momentos-mojones fijados a la memoria ya por las dificultades enfrentadas, ya por un racimo de vivencias epifánicas ligadas a elementos relacionados con la música, la infancia, la obstinación de la vida, entre otros, durante el curso de la enfermedad. En su conjunto ofrecen una crónica sin atenuantes de las secuelas físicas y psíquicas habidas, superadas ya las alternativas de un cáncer, dolencia cuyo nombre en nuestro medio y pese a los infinitos avances científicos habidos‒, sigue siendo sinónimo de muerte: “qué fuerte es la presión del tabú / qué profundamente irracionales somos”.

     Un libro bello y valiente sobre un presente difícil de remontar cuya materia poética hace pie en el duro trance diario que conlleva atravesar síntomas invalidantes que no tienen nombre, asombrosos en primer término para la paciente imposibilitada de des-pacientarse frente a la dependencia de un contexto de deterioro y desidia de la salud pública. Demoras incomprensibles en el diagnóstico (superada la quimio, superada una neumonía, atrapados aun los profesionales en el prejuicio instalado de que todo síntoma ha de obedecer a una recidiva del cáncer), la presencia de un importante desorden en la tiroides pasa inadvertido. Diagnosticado a destiempo, el daño cardíaco remanente es irreversible. Lo arduo del presente logra apaciguarse cuando la poeta asocia e intercala memorias que fueron entrañables y reveladoras (diferenciadas en la caligrafía que abandona la letra cursiva utilizada en los poemas que remiten al presente). Así el recuerdo de Beatriz, hermana de Graciela secuestrada y desaparecida durante la última dictadura y/o pequeñas historias de infancia, ese paraíso perdido que, en tanto sucedía, no admitió pérdida alguna: “…en mi asustado corazón de siete años / un lugar sin pérdida posible”, en agudo contraste con la cronología reciente, cargada de pérdidas: “pierdo sangre mucha sangre / pierdo pierdo pierdo”.

      Fresias de octubre se estructura en torno a cinco jornadas que obedecen a una palabra-llave: frío, sangre, luz, sonido, corazón.

      La jornada del frío nos acerca a un invierno demasiado largo al que la visión de un simple ramito de fresias ofrecido en el kiosco de flores ‒las últimas de octubre‒, es la clave que destraba la operación de la escritura que comienza a fluir. Graciela Perosio ha dado con la cifra que la impulsará a recuperar la fuerza y la mística, la que le permitirá llevar adelante un proceso de escritura tan complejo como liberador “me propongo una íntima celebración / porque aún / aún / respiro”. Sabe que, como lo expresa Marguerite Duras en uno de los epígrafes citados: “No se puede escribir sin la fuerza del cuerpo. Hace falta ser más fuerte que uno mismo para abordar la escritura, hay que ser más fuerte que lo que se escribe.” 









jueves, 10 de febrero de 2022

LO HABITUAL, Diego Suárez



Algunas impresiones acerca de Lo habitual 

(Diego Suárez, editorial De l’aire,Santa Fe, 2021)


·         En su poemario Lo habitual (De l'Aire Editorial, 2021) Diego Suárez recrea cuanto podríamos ligar a a costumbre, lo que crea hábito, lo mecánico, el marco del día, aquello que a fuerza de repetición cristaliza en rutina. Ceremonia, ritual, pauta, horario fijo, trivialidades de toda laya, vagas fórmulas de cortesía, las que decimos sin pensar lo que decimos y las que también decimos, a sabiendas de que se trata de una frase vacía. Páginas que, en ocasiones, dialogan con cuentos, poemas. canciones y frases leídas cuya procedencia se refiere en una “Nota” aclaratoria en las páginas finales.

 ·         En la repetición de las conversaciones (“Rompecabezas”), en los gestos comunes, pautados según los momentos del día, el tiempo se relativiza y los cuerpos también. La tarea diaria es una suerte de erosión de cuerpo y mente lijada por rituales tan básicos como agotadores: “Al final del día somos / el achatamiento de las cosas, / dos láminas que casi no respiran / adheridas al segundo piso”.

 ·         A partir de epígrafes relacionados, de Jarry, M. T. Andruetto, Oscar H. Villordo, Marechal, B. Fernández Moreno y Liliana Ancalao entre otras voces, se despliega un variopinto conjunto de poemas que indagan en la rutina diaria por excelencia, la que implica el uso del colectivo, ómnibus, bondi, el viaje nuestro de cada día ("Todos somos pasajeros"), teatro donde se desarrolla buena parte de la comedia humana. Un servicio capaz de diluir diferencias. Parafraseando a Marechal, “una coctelera, de cuyo zarandeo nace un copetín democrático”. Por igual en tono de elogio o de reproche, se lo nombra “fiera urbana”, no exento de nostalgia (el paso del tiempo perdió en el camino los fileteados decorativos, el boleto capicúa, el volante de nácar) y un fino humor irónico, otro rasgo distintivo de la poesía de Diego.

 ·         La sensibilidad del poeta capta cuanto se cristaliza y crea costumbre, el tiempo inaudito que se va en rituales, la vida lisa sin ripio, sin montaña, sin desafío.

Pero hay más, no se trata solo de una galería de gestos repetitivos. Se trata de que por el tamiz de lo habitual pasa nada menos que nuestra vida, con todos sus matices, lo trivial y lo medular haciendo equilibrio en el marco de lo cotidiano, marco contenedor en medio del caos.

No todo es repetición, no todo es esperable, existe también, visible y audible al ojo poético, una línea de fuga, de asombro, una constante que en este libro se repite casi tanto como los gestos de la rutina: el canto de los pájaros y/o el silbido del viento. Siempre una suerte de música capaz de mover el mundo, de alivianar monotonías, el trino de un pájaro ayuda a resolver conflictos, despierta de la siesta de quince minutos (que aporta, entre otros milagros, la contrapartida de un sueño de gloria literaria), pájaros que inventan el día desde la ventana de un hotel. Pareciera que, dentro de una vida moldeada, ese canto espontáneo, aleatorio, evapora la sensación de estar presos en un marco de referencia, abre la puerta a la libertad: “…comprendimos / que las ramas de los árboles son / las cuerdas vocales del viento”; “Por las mañanas, un piquete canoro / se manifestaba en nuestra ventana: / horneros inventando el día”; “a pesar de todo sonrío / mientras me despierta el trino / de un pájaro invisible”.


viernes, 21 de enero de 2022

EL CORAZÓN DEL DAÑO, María Negroni

 


Mini- notas acerca de El corazón del daño

 (María Negroni, Random House, 2021)


 por Marta Ortiz


·          Escribe su autora en la Advertencia inicial: “Más probable es que la vida y la literatura, siendo ambas insuficientes, alumbren a veces –como una linterna mágica‒ la textura y el espesor de las cosas, la asombrada complejidad que somos”.


      El corazón del daño es un libro inclasificable que “dice lo que dice y además más y otra cosa” (no se me ocurre una frase más gráfica que esta de Pizarnik sobre el valor polisémico de la palabra, para expresar la multiplicidad de efectos de sentido que despierta su lectura). Hay algo de réquiem o de suma de cuestionamientos post mortem o de descargo emocional, los tres formatos y sus quiebres caben. Y en paralelo, el dibujo de un recorrido literario personal y galería de autores leídos a través de sus citas.


       Decir para comprender. Las palabras conllevan en su núcleo un dolor antiguo, una herida que no cesa de supurar. Nada puede mitigarla, solo a medias, la escritura. “A lo mejor los libros son también eso; un viaje a la transparencia”; “Los libros son la música de un saber que se ignora”


       El universo que se recrea obedece a sus propias reglas, como una fruta que brilla en el centro del lenguaje y de la cual solo podemos absorber los reflejos. Reflejos que admiten la duda, la probable aserción y también su negación. Acaso los enunciados que aportan una luz más potente a este (bello y triste a la vez) texto equilibrista entre ficción y experiencia, sean los siguientes:

                                    “Tanto esfuerzo para llegar a esto.

                                      Tanto renglón ingenioso y ninguna caricia.

                                      Me estoy haciendo añicos melodiosamente”.


·       A medida que avanzamos en la lectura, lo leído se transforma en una experiencia intransferible en la que es posible saborear el plus de una sintaxis depurada y exquisita  ‒marca registrada de María Negroni‒, y una cadencia única en la voz que narra. Escrito con y desde el corazón ‒“Se oyó latir un corazón en la coraza”‒, el gran protagonista es el lenguaje: “… eso interno, desafinado y díscolo, que se esconde siempre en la lengua materna, irreconocible de tan verdadero”.

  

 

domingo, 26 de septiembre de 2021

FUERA DE FOCO, por Imelda Ferrero

 


A dos años de la presentación de Fuera de  foco (27 de septiembre de 2019) en el Complejo Cultural Atlas (Rosario), y a modo de celebración, copio aquí y agradezco infinitamente a Imelda Ferrero, su fino enhebrado de palabras acerca de mi  poemario .


FUERA DE FOCO


(Marta Ortiz, Alción Editora, Córdoba 2019)


por Imelda Ferrero 


Una epifanía nos anunciará su escritura en el epígrafe. “En ilación de la ausencia”, las citas de las poetas Irma Peirano y Marina Tsvetaieva se unen, se reúnen en una despedida nívea. Se erigen en laberinto sin sombra, sin sonidos, sin luz ante una muerte próxima. Sin embargo “veníamos de ese tiempo mágico/ anterior a los vidrios triturados” pero“no alcanza a calentar el sol”. Palabras que vagan sin encontrar el sentido en las voces, aunque “una nueva piel/ quedó al descubierto”.

Los relojes, “un Breitling”, no funcionan en “el sueño de la muerte” ya que todos los tiempos se desvanecen en el “fuera de foco” de los espacios, donde se rescata una coronita de novia.

En la “Caja de resonancia” sus muertos se desordenan desde la figura patena (“mi padre fue pionero en desgajarse del tapiz familiar”), las amistades, la imagen materna encarnada en un quinoto, los juegos infantiles (“Figuritas”), los viajes retenidos en una foto. Mientras en la ciudad circulan ruidosos skaters, urge “…fundar nuevos recuerdos”.

Y así retornan los muertos vivos de nuestro mundo, los migrantes y los habitantes sin abrigo en nuestras veredas con “La manta de colores”. Y como “El tiempo soñado teje caldos raros”, retornan los ruidos urbanos con los sonidos de los pájaros en ese instante intermitente que interrumpe nuestra nostalgia mañanera en tanto la lectura bíblica acude a un vacío casi eterno, pues “un bosque sin emociones/ es un bosque sin lobo feroz.”

En la contemplación de un estadio o en la caminata de un dédalo griego, la orfandad infantil se ubica en tiempos góticos que no abren la puerta para ir a jugar. Un interrogante: “¿Qué número de círculo cierra este infierno?” sobrevuela la Ciudad Blanca y se asevera que ahí lo onírico reina.

Por último, en “Lecturas”, se evocan en el río o en la luz los versos de Alfonsina entre un viaje mítico o una muerte con Circe. Como la siniestra claraboya de Silvina Ocampo custodia “el río revuelto de la sangre familiar”, la palabra poética de Marta Ortiz tras una “manía bibliográfica”, se fusiona con Djuna Barnes en: “la vida, el permiso para conocer a la muerte.






viernes, 9 de julio de 2021

RESEÑA A MI POEMARIO "FUERA DE FOCO" EN REVISTA CONFLUENCIA (PRIMAVERA 2021), POR IRMA VEROLÍN


Publicación del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Colorado (USA)

TEXTO COMPLETO:

La belleza de lo que pide ser revelado


Irma Verolín


Escritora Independiente


Marta Ortiz: Fuera de foco. Córdoba, Argentina: Alción Editora, 2019. 103 pp. ISBN
978-987-646-830-5.


Estos poemas repartidos en cuatro secciones dentro del libro se ocupan de lo cotidiano: el simple acto de rallar una zanahoria, la irrupción de lluvia descontrolada, la vida en un geriátrico, un arroyo, figuritas infantiles, las intrincadas y sugestivas peripecias de los sueños nocturnos, la belleza de un quinoto, sonidos de patinetas en medio del silencio de la madrugada, así como de lo menos tangible: la pérdida del amor o el deleitable acto de leer y el de escribir en su carácter de tarea especular.

   En el texto inicial que abre el volumen con el título “Profecía” aparece ya un definitivo indicio: lo que se encuentra allí adelante resulta inaprensible. En la literatura de Marta Ortiz este rasgo no es sorprendente, ya que existe una correlación entre su mundo narrativo y su producción poética, emparentados ambos por la búsqueda de una mirada que encuentra misterio en el mundo, la riqueza de lo variado, causas de fascinada indagación que suelen dejar flotando lo aprehendido. Ese rico espacio exterior que es motivo de la captación y de la atención poética se muestra como un ámbito cautivador y atrapante. Luego, en el primer tramo que agrupa los poemas bajo el título de “Ilación de la ausencia”, surge una ausencia cargada de presencia. El proceso de duelar al ser querido supone, inevitablemente, la reaparición de lo que ya no está: lo poseído es lo mismo que aquello de lo que se carece, de manera que nos topamos con una ambigüedad, una incerteza, un área fronteriza. En el poema que abre el libro surge una imagen vibrante: las dos caras de una moneda. Derecho y revés en tensa oposición, lo muy visible y lo que se encuentra entre bastidores oscilando en su intermitente aparición. A partir de a aquí ya está trazado el rumbo estético de este conjunto de poemas.

  Apenas se ingresa en Fuera de foco puede observarse que estamos frente a una poesía que valoriza lo rítmico y la experiencia perceptiva. Musicalidad e imagen ensambladas en un movimiento que no admite notorias disonancias. Aún así el ritmo suele apoyarse en lo entrecortado, cuya función consiste en enfatizar, entre otras características, el recorrido de la mirada y el contraste necesario que algunas temáticas plantean. Una poesía que da la sensación de introducirse en el interior de las cosas y los seres para  desentrañar sus secretos y, desde ese hondo interior, rescatar el detalle sutil de lo que, escondido, relumbra. Una poesía que expresa el panorama de lo indecible, acaso de lo más indecible, lo oculto, lo que pide ser revelado. Ese aspecto del mundo secreto que sobrevuela en los poemas de este libro desgrana sus sutilezas y vuelve a replegarse. La voz que va hilvanando estos versos dala impresión de extraer el punto nodal de lo más preciado para dejarlo allí, encapsulado, ante la vista de todos. Podría afirmarse que se trata de una poesía de la belleza de lo oculto que produce el desocultamiento en detallado y cuidadoso proceso. Hay un detenimiento en el detalle que logra alcanzar un toque de epifanía, de aparición momentánea y fugaz. Y la fugacidad da lugar a la pérdida en la que con cierta frecuencia el sujeto se abisma o trastabilla.

    A medida que se avanza en la lectura de Fuera de foco se hace necesario plantearse la relación que la poesía de Marta Ortiz ha establecido con un silencio que desnuda los matices de su voz. Cada verso va recorriendo el borde del silencio y ya sabemos que el silencio es ese lugar privilegiado que potencia el alcance de cualquier enunciado, sin duda para el género poético es el germen donde quedaron encerrados los grandes interrogantes. Al jugar por los bordes, haciendo que la palabra se sitúe también en ese límite, gracias a la necesaria ambigüedad se acentúa su poder de evocación y, al mismo tiempo, se enriquece la mirada. Desde el silencio que enmarca los poemas nace el rescate de lo focalizado mediante un trabajo de filigrana y aguda observación. El acto de dilucidar lo escondido se presenta como un proceso continuo que eleva la mirada del sujeto de la enunciación y a la vez habla de su condición de testigo y de su capacidad de descubrimiento, poniendo de manifiesto un mundo enjoyado que alguna vez se replegó para que ahora, con un gesto casi ceremonial, se realice el camino inverso y se despliegue. No casualmente el título del poemario Fuera de foco nos remite al ejercicio de mirar, en este caso haciéndolo de un modo desenfocado, como si el minucioso trabajo residiera en realizar un corte transversal para escapar de la rutina de la observación automatizada. Se hace necesario recordar el precepto de los formalistas rusos de principios de siglo XX que proponían la desautomatización de la
percepción como premisa básica ante el inicio creativo de una obra artística. El acto de mirar en el contexto de la obra de Ortiz es una práctica arriesgada que puede conducir al quiebre del sujeto, atravesado por su estar en el mundo, porque aquello que es mirado moviliza toda la afectividad del ser en su condición de vulnerable humanidad. Lo que se desencaja aquí abre la posibilidad de ver como un vidente a la manera de Rimbaud, un vidente que rompe esquemas y modelos prefijados. Quizá por tal motivo muchos poemas dan la sensación de que la mirada no se desliza desde afuera hacia adentro sino al revés, que el punto focal se sitúa en el interior de lo observado y se desplaza hacia un afuera como se evidencia claramente en el poema “Ralla la zanahoria” (pag. 57).
    Las cuatro partes en que está dividido el volumen intentan ordenar lo inasible de ese desmenuzamiento del mundo y organizan así un microcosmos en el que la ausencia del ser amado abarca la primera mirada con un alto grado de intensidad lírica y conduce a la reflexión o eleva el nivel de comprensión: “entendí/ que la fuerza de tu sonrisa/ venía de las astillas perdidas/ de la inmortalidad” (pag 16). En la segunda parte se reúne una serie de misceláneas donde los espacios parecen ocupar el primer plano. En la tercera hay un predomino de la temporalidad, cierto rasgo onírico y en el último, tal como su nombre lo indica, impera lo dialógico, de esta forma la culminación del entrañable recorrido de la mirada se vuelve sobre otras escrituras literarias con el mismo fervor con que antes se buceó
en la propia interioridad o se desplazó el punto de atención hacia el afuera. Las palabras claves para abordar la poesía de Marta Ortiz podrían ser ambigüedad, intensidad e inasible. Este nuevo libro se suma al trayecto iniciado con Diario de la plaza y otros desvíos y Casa de viento para seguir delineando un compacto y sugestivo universo poético.