OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

domingo, 3 de abril de 2016

SERGIO KISIELEVSKY (*) Nunca te hablé con palabras


 (Babel Editorial, Córdoba, 2015)



   “Nunca te hablé con palabras”, último poemario publicado de Sergio Kisielevsky se construye a partir de evocaciones o memorias que recuperan figuras entrañables para los afectos del poeta: el padre, el amor perdido, espacios concretos de algunas ciudades, la casi omnipresencia del mar, los sueños, que recortan un costado surreal a los restos de la vigilia (“Hoy saldré con Scarlett Johansen”;"Papá estaba con su boina azul, su girar en torno mío").
     Los veintiséis poemas apelan a un formato de corte narrativo, sembrado de imágenes en  palabras que se deslizan tersas, delicadas. Palabras que recrean las vivencias que la memoria recupera eludiendo deliberadamente un orden temporal o lineal, como recién salidas del caos; palabras que celebran la belleza, la mirada, los ojos amados que abren/ abrieron puertas (“Las abrís con tus ojos de belleza sin fin”). 
  Hay un OTRO receptor, un tú con quien se comparte a partir del puente que tienden esas palabras nunca dichas (Nunca te hablé con palabras), pero sí escritas, resguardadas en el cuerpo, y ahora en el papel.    

 ©Marta Ortiz


Dos poemas:

III

Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
Y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío

En el reservado del bar te encuentro
Es un armiño con el ruido del tren
Que pasa entre nosotros como un fantasma griego

Tenés un duende en el paladar
Te subís a la taza, girás, olés al día,
Vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
Y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero.
Sólo un trozo de aire en el Abasto
Que gira hacia el mundo de los hoteles
Que nada alumbran
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina
Silbás a rabiar
Y no hay quien lo detenga
No es el Parque Chacabuco
No es Alchurrón tocando la guitarra en las peñas del 79
No es la tarde donde jugaban con Laura
(“Le pedí tanto a Dios que viniera”)
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la calle llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía
Veranito a las diez de la noche
Tu corazón es un idioma con arco y flecha

Nada se balancea más que tu pie descalzo

Sos un deleite intratable
Que ejerce su pasión por las brasas
Por el calor de la tarde haciéndose

Estoy en la calle esperándote
Es un leve motor que tengo
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro


XXVI

No creí elegir los tomates por mí mismo
Y vestirme para ir al empleo y no verte
con tu guardapolvos a cuestas.
No entregué el rosquete
Y el paisaje es una bruma donde el cuerpo de una mujer
Se diluye en el aire
Podré arder y dejar que el perro trastabille en el portal
No supe decirte
nunca te hablé con palabras
Y no sé dónde queda el hangar donde me citaste.

La mujer fuma y me cuenta de sus hijos
Ella acaparó toda la belleza de la especie
“Se fueron mis hijos porque no podían verme el rostro”
ni el tapado de armiño
Con el que te derramás en el sillón.

Ya no sos mía
Sos un planetario un ave que toca y toca
Donde quedan “murmullos y ruinas de murmullos”
niebla del Riachuelo o el muelle de Miramar
Estuve paseando con vos y tus padres no sabían
qué hacer conmigo
mientras me enamoraba de toda tu cabellera
inclinabas tu boca en mi estirpe
vaya a saber quién nos hundió y nos dejó
en la plaza sin césped en tu cabeza de novia
a la hamaca sin nadie.





Sergio Kisielewsky nació en Capital Federal, Argentina en 1957. Integró el Taller Literario Mario Jorge De Lellis y el Grupo Literario Las Cuarenta. Publicó los libros de poemas Algo de la época, Memoria caníbal, Corazón negro, Electrificar Rusia y La belleza es un campo minado. Integró el libro “Los poetas de Mascaró” que tuvo su versión teatral con la dirección de la actriz Leonor Manso en el Centro Cultural de la Cooperación. Obtuvo premios de Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, la AMIA en 1989 y el Fondo Nacional de las Artes. Integró el Plan de lectura Leer es Crecer que dirigió la Profesora Hebe Clementi. Su obra fue traducida al inglés por el poeta John Oliver Simon. Cursó la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires y es periodista.



sábado, 5 de marzo de 2016

PATRICIA DÍAZ BIALET (*) "LA QUE VA"

























"La que va es una mujer que no se ha detenido. También una escritura poética que se proyecta sobre la propia senda que ella traza. Cada poema se construye dentro de la lengua que fluye, de la lengua aprendida en la infancia y la aprendida en el viaje. Es en el acto original de la escritura que se recrea además el propio viaje. La poesía se viaja escribiendo, se transita caminando como la mujer que va".
                           (fragmento de la contratapa, por Juano Villafañe)


Poemas tomados de La que va (Editorial Atuel, Buenos Aires, 2015):

 

CRUZAR EL CARTÍLAGO
Pasa eso de tener sed y estar sin lengua
Nora Etchenique

Para recuperar el termo que preserva el movimiento en sepia
                                                                                 /de mi infancia
Debo dominar la rienda insalubre de lo que debería haber sido

Quien haya transitado la órbita mía
También esquivaría la piedad con un broche de gato atado a la cola

La desgracia es un finísimo polen profiláctico



LA GENEROSA
En una u otra forma
Un día u otro
Proseguiré.
Aldo Pellegrini


Me atrae el hacerse molienda anónima que salta fuera del mortero
Así quisiera mi reingreso en el mundo

Cuando se encrespe la aurora
Quisiera ser molienda anónima
Intercalarme en el viento
Bordear lo corpóreo y no precipitarlo

Ser espíritu que no sujeta
Que no reclama

Arrullo del sol cuando amanece en la playa




DE CUAJO

Inmóvil como una estatua recibía las flechas de aspecto inofensivo que los canarios le clavaban.
Silvina Ocampo (La expiación)


La oncóloga pigmea dice terminal y se le llena la boca de saliva
Esta zángana sabe empeorar la desgracia

No hay salvoconducto
No hay santo y seña

Qué habrá notado
Con ese ojo púa que hinca su pezuña de ogresa
Y que no calma


                                                                  Un consultorio
Buenos Aires, 2010



 ARS POÉTICA

al poeta Atilio Castelpoggi
In memoriam

La poesía no es un pájaro.
Y es.
No es un pulmón, el aire, mi camisa,
no, nada de eso. Y todo eso.
Sí.
Juan Gelman


Me conoce bien mi hueso de asfixia.
Llega al máximo y luego me libera-
Creo que especula Si soporta este umbral soporta todo.

Mi hueso de asfixia retuerce su saco enfurecido.
Cuando me repongo
mi voz es un pétalo de susto.

Sólo después surge el poema.


Un taller de poesía en la SADE
Buenos Aires, 1982



MI ETERNIDAD

¿La muerte?
Sólo un gran cansancio
A orillas del mar infatigable
Alberto Szpunberg


Dos mirlos comen pan delante de mi silencio.
Así quisiera mi eternidad:
rodeada de pájaros hambrientos
a quienes pueda serle enteramente indispensable.



PATRICIA DÍAZ BIALET (Bs. Aires, 1962), profesora de Inglés, estudió Licenciatura en Actuación en el Instituto Universitario Nacional de Arte. Publicó los poemarios: Los Despojos del Diluvio, 1° Premio Fondo Nacional de las Artes 1989, Editorial Vinciguerra (1990). Testigo de la Bruma, Mención Honorífica Premio Bienal de Poesía Argentina de la Secretaría de la Función Pública de la Nación y el Fondo Nacional de las Artes 1991, Editorial Vinciguerra (1991).  La Penumbra de la Luna Llena, 2° Premio Concurso Fundación Inca Seguros 1992, Editorial Vinciguerra (1993).  La Dueña de la Ebriedad de la Rosa, 1° Premio Fondo Nacional de las Artes 1993, Editorial Vinciguerra (1994). Los Sonidos Secretos de la Lluvia, Mención Honorífica 1° Certamen Nacional de Poesía Papiros del Siglo XX, Editorial Plus Ultra (1994).  El Hombre del Sombrero Azul, Editorial Dunken, 1° edición (1996), 2° edición (1998). Papeles de Resurrección, versión en castellano de Resurrection Papers, de la poeta estadounidense Heather Thomas, Editorial Vinciguerra (2004). 
Poemas suyos fueron incluidos en la película “El Lado Oscuro del Corazón II” de Eliseo Subiela, y en el espectáculo "Con un tigre en la boca. Manual de los amantes". Fue columnista de poesía en diversos programas de radio y jurado en prestigiosos certámenes nacionales de poesía. 
Fue Secretaria de la Asociación de Poetas Argentinos, donde diseñó y coordinó durante seis años (2000 – 2005) las Olimpíadas Colegiales de Poesía. En febrero de 2005 fue invitada a presentar su poesía en la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba. 
Actualmente conduce, junto a Jorge Dubatti y Juano Villafañe, el programa cultural “El Descubrimiento” , por FM 88.7 La Tribu y tiene a su cargo una columna radial de literatura en el programa “La Mar en Coche”.







SUSANA SZWARC, "El ojo de Celan"






















El ojo de Celan, Susana Szwarc, Alción Editora, Córdoba, 2014


 Mi reseña en revista Ómnibus Nro 51 (Madrid, La Mirada Malva):


http://www.omni-bus.com/n51/sites.google.com/site/omnibusn51/libros-resenas/el-ojo-de-celan-susana-szwarc-marta-ortiz.html


Texto completo:

"Basta con llevar esas frases a la boca"

 por Marta Ortiz 


tú estás /donde tu ojo está
                                                    Paul Celan

Alzo los ojos /  no veo a Dios / pero veo la lluvia
                                                                                                               Susana Szwarc


      En El ojo de Celan, último poemario publicado (2014) de Susana Szwarc (Quitilitpi, Chaco, 1954), el ojo es testigo de su tiempo: de un pasado donde conviven la infancia y los relatos del horror en el curso del siglo XX, y un presente que apela a la cotidianidad. Ojos que espejean, deforman, adornan, indagan, reflejan; en ocasiones desprendidos del cuerpo que los contiene, al modo de la imagen surreal, tienen vida independiente (al punto de esconderse –para no ver- en las páginas de un libro).  
      La poeta expresa en líneas de poesía, lo visto y mirado, muta en cronista propensa al diálogo, hay siempre un otro, un nosotros, un interlocutor que comparte lo visto, lo oído y lo dicho, lo disfrutado y lo padecido, una conversación que a lo largo del poemario no se interrumpe: “¿te acordás?”, “Vos querrías –Yo no”,  “te pregunto”, “reímos”, “te digo”, “decimos”, “te leía”, “a vos te quise tanto”, “¿qué decís?”, “me oigo escucharte”, “habíamos gritado”.
      A veces -muchas veces-, es un ojo que elige mirar a medias (el horror), que no quiere ver: “Me destapé primero un ojo / después la mano / y el guante se fue al fondo / de una fosa común” (p.10); o se cierran apretados para no ver nada, según la intensidad de lo evocado: “lejos está el recuerdo y cuando / se acerca / aprieto los ojos”. Puede también tratarse de un ojo vidrioso y aún derretirse si el estímulo corresponde, por ejemplo, a los gritos de los torturados (viejos y nuevos, siempre resuenan en la poesía de S. Szwarc: “El grito es un cuerpo que levanto con la mano.” (p.55); pero está claro que pueden también irradiar, reír, si la evocación va más lejos y alcanza el paraíso de la vida en familia, anterior a la pesadilla: “…los gritos / de alegría irradian sobre el ojo vidrioso, / el otro ojo se derritió”.
      Sucede también que el ojo (los ojos de dos: el otro, el vos) admiten relajarse y se tienden a mirar las estrellas o apuntan a deseos básicos–un trozo de carne apetecible, un corte de carne vacuna (lomo) que “brilla como el oro”, guiño a ciertos alimentos que “hoy no son cosa de todos los días”. En El desorden de las relaciones de propiedad, una garza se replica en los trocitos de los cristales rotos de un par de anteojos; y en Grisines  “espejea a mis ojos / un efecto de error, de amor, sobre las cosas del mundo” (p. 28). El ojo del poema puede también jugar con las palabras y explayarse desde el interior de la lengua y sutilezas afines: “Veo cómo te miro. Me oigo escucharte” (p.16). Nunca está ausente el tren, un viaje ininterrumpido que une estaciones del pasado y del presente: el ojo ve estrellas, mientras “Esos chicos del tren juegan: bailan  / ahora sobre mi esternón / y reímos de los panes en las bolsas” (Pasajeros, p.13).
      No está ausente el pueblo de infancia, un clon de cualquier otro pueblo: “(podría ser Avia Terai, Napalpí, Machagai, Pampa del Infierno)…” (p.44), adonde una y otra vez se vuelve y el ojo mira y la lengua escrita ventila la denuncia de las inequidades que el tiempo cristaliza: “¿Con cuántas manos / se cuenta la insistencia de la crueldad?”. Aunque en el bar cubran la ventana con lonas que oscurecen, hay otras ventanas desde donde mirar y escribir el poema, que ironiza: “…es que no hacen nada los indios, / toman tereré / y miran las alondras…/ Pero no hay alondras en este pueblo.” Y continúa:   “Aunque veo el sombrío entrelineado/ u'yalh i'hi” (p.45), y aquí, como en otros poemas de otros libros suyos, necesita una palabra escuchada antes, ligada también a experiencias infantiles, y que retorna, como u'yalh i'hi (en lengua wichi), que encierra significados diversos: respiro, suspiro, resisto…
      El trabajo de la poeta brilla en la elección, asociación, torsión, re-creación de la palabra, su material. Domina el poemario una sintaxis interrogativa que instala un  zigzagueo: se detiene porque duda de lo afirmado, vuelve atrás (y el lector también vuelve, a reconsiderar lo leído). Compone y descompone, y plantea un nuevo giro que sorprende y/o sacude y desentierra silencios: “Re-vol-ver. Volver y volver y volver, así/ muchísimas veces / ¿Se puede volver sin haberse una ido? Idas a veces estamos y otras nos llamamos…”  (p. 46). Hay un poder evocador de la palabra, nombrar es redescubrir paisajes: decir almidón, por ejemplo, en el poema Antes de comer, despierta la visión (almidonada) del delantal blanco de la escuela y el gran moño atado en la cintura que detiene el tren. La palabra poética irradia así un mapa de significaciones que es necesario indagar, interrogar, limpiar de clichés y de rutinas paralizantes, y ésa es tarea del poeta que sabe que una palabra no se agota en un sentido único, sino que, en la modulación, se multiplica: “Leo en el éter alguna palabra, agarro otra, / con la boca...” (p. 39); “No entendemos/ y ni falta que nos hace. Basta con llevar/ esas frases a la boca.” (p. 65).
      El aire se deja sentir, minúscula parodia de la tragedia de Hamlet donde el reino es  un pueblo y el lugar para el suicido de Ofelia es una palangana, remite al teatro de papel  (kamishibai), y cierra el libro, que termina como comienza, con una burla al saber de occidente. En una peculiar vuelta de tuerca, desde la mirada (o el ojo) de Hamlet, se afirma que es en la representación donde se asiste a la verdadera Historia, razón suficiente para que cuidemos a los actores (es decir, ‛cuidémonos entre todos’): “¿cuidarás que los cómicos / duerman y coman bien ¿Oíste?, /porque ellos son el compendio, la breve crónica de los tiempos.” (p. 67). 




 

sábado, 13 de febrero de 2016

MARÍA TERESA ANDRUETTO, "Los Manchados"



Breves notas sobre Los Manchados, novela de María Teresa Andruetto

De la identidad y la historia nacional   

por Marta Ortiz
  
       Los manchados (Mondadori, Random House, 2015), última novela publicada de María Teresa Andruetto, retoma la línea de sus producciones anteriores, en las que la propuesta es una indagación que la suma de testimonios aportados permite reconstruir, develar, desmalezar una realidad que por diversas razones que hacen al telón de fondo ‒historia nacional que va desde la caída del gobierno de Perón en 1955 hasta el fin de la dictadura militar en 1983‒, se ha retaceado, en este caso a Julieta, una joven argentina que vive en Alemania, nacida en 1978 en un sótano en la Patagonia, la misma Julieta que en Lengua madre (Andruetto, M. T; Mondadori, 2010; http://marta-ortiz.blogspot.com.ar/2010/03/marca-de-ausencia-el-fisgon-digital.html ) ha recibido de su madre el mandato de leer y ordenar las cartas y libros que poco antes de morir dejó para ella en una caja debajo de su cama. En Lengua madre la lectura de las cartas, el cruce de información de diversos remitentes permiten conocer una parte de la historia de su madre que vivió escondida en un sótano durante ocho años donde dio a luz a la hija que en ese presente textual, lee y desentraña, lee y desovilla. 

       En Los Manchados, la búsqueda de Julieta apunta a conocer la historia y  la identidad de su padre, Nicolás Corso, que vive en Suecia y a quien ella no conoce. Para averiguarlo, viaja a Tama, un pueblo del noroeste argentino, sitio por donde también su padre pasó durante la última dictadura militar, en el rastreo de sus raíces. Un mosaico de voces femeninas nativas, mujeres mayores (madres solteras en su mayoría, mujeres abusadas por hombres inescrupulosos dueños de la tierra y sus tesoros tanto como de las mujeres), que de un modo u otro se relacionaron con Nicolás durante su estadía en Tama, responden a las preguntas de Julieta (nunca aparece su voz, sabemos de las preguntas y de sus reacciones ante las respuestas recibidas, por las voces de sus interlocutoras). 

       Riquísimo y minucioso trabajo de Andruetto con la oralidad andina. No sólo se rescatan las voces regionales con sus inflexiones, sus muletillas y alguna canción popular; también algunos mitos vigentes en la zona como el de La Bicha y La Salamanca, por ejemplo. 

       Entre los hallazgos que le proporciona la investigación a Julieta la investigación emprendida, se cuenta un cuaderno de memorias que escribió Milagro Linares, bisnieta de Martirio Linares, matriarca de esta familia de mujeres que llegó de Esteco, del Oeste, ciudad perdida, legendaria, que fue desvastada por un terremoto. La novela está atravesada por fragmentos de intensas páginas poéticas, que asocio en su registro, a la atmósfera de Pedro Páramo. 
       
       El mosaico y contrastes derivados de los testimonios habidos, van dando cuenta de la identidad de Nicolás Corso, al tiempo que se hila la historia de sus ancestros en ese pueblo fantasmal donde proliferaron los “manchados”, inexorablemente ligada a su vez, a la construcción de la identidad nacional a partir de los fragmentos de la historia reciente que marcaron el paso de Nicolás por el pueblo de Tama, Se nombra incluso, en boca del director del Archivo Histórico (Región Noroeste), al Chacho Peñaloza como al "padre de la patria".

       “En cada historia que cuento llega un punto en el que ya no puedo ver más allá. Odio ese punto. Es por lo que llaman ciegos a los narradores.”, dice Anne Carson en el epígrafe que Andruetto hace propio en una novela que intenta explicarse y explicar, en la búsqueda, a través del testimonio oral, a través del devenir, del curso de la escritura.